martes, 10 de abril de 2018

La mercantilización del hombre: claves para salir de la matrix


 


El principio de la civilización, tal como la entendemos antropológicamente, surgió a raíz de la escritura y la simbología, que a su vez dio pie a la idolatría, un oscuro fenómeno que si lo analizamos bien explica muchas de las claves para entender el convulso mundo actual en el que vivimos. Lo interesante de este fenómeno es que se originó a consecuencia de la religión organizada o institucionalizada, pues en muchos pueblos de creencias animistas donde no se practicaba tal religión, es decir la adoración de uno o varios dioses –el politeísmo o el monoteísmo–, se vivía en común armonía con la naturaleza, como los indígenas Inuit de las regiones árticas; los Hopi o Siux de América del Norte; los Yanomami en la Amazonia; los Euahlayi del sudeste de Australia; los nativos de Papua de Tasmania, y muchas otras culturas animistas presentes por ejemplo en Mongolia, Siberia y el sur del Sáhara. También podría incluirse el animismo taoísta de ciertas culturas del Lejano Oriente. Sociedades todas ellas esencialmente tolerantes, democráticas (en un sentido no solo político sino sobre todo existencial) donde la Naturaleza era la extensión natural de sus propios sentidos y capacidades. El respeto a la Madre Naturaleza era por ende el respeto a uno mismo, al otro, a la comunidad. De esta manera nadie era menos que nadie, pues todos, con su mera existencia, formaban parte intrínseca de la misma energía universal, como notas musicales de la infinita orquesta de la vida.

Este fragmento de una carta escrita en 1854 por el Gran Jefe Seattle, de la tribu de los Swamish, a Franklin Pierce, Presidente de los Estados Unidos de América, resume perfectamente esta visión panteísta de la vida:

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo, cada aguja brillante de pino, cada grano de arena de las riberas de los ríos, cada gota de rocío entre las sombras de los bosques, cada claro en la arboleda y el zumbido de cada insecto son sagrados en la memoria y tradiciones de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo los recuerdos del hombre piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan la tierra donde nacieron cuando emprenden su paseo por entre las estrellas, en cambio nuestros muertos, nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas, el venado, el caballo, el gran águila, todos son nuestros hermanos. Las escarpadas montañas, los húmedos prados, el calor de la piel del potro y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia. […] Esta agua cristalina que escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus hijos que ella es sagrada y que los reflejos misteriosos sobre las aguas claras de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua de los ríos es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan a nuestras canoas y nos dan peces para alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deberán recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos, y por tanto deberéis tratar a los ríos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Tanto le importa un trozo de nuestra tierra como otro cualquiera, pues es un extraño que llega en la noche a arrancar de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada la abandona, y prosigue su camino dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle nada. Roba a la tierra aquello que pertenece a sus hijos y no le importa nada. Tanto la tumba de sus padres como los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra y a su hermano, el cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos o collares que intercambian por otros objetos. Su hambre insaciable devorará todo lo que hay en la tierra y detrás suyo dejaran tan sólo un desierto. […] También los blancos se extinguirán, quizás antes que todas las otras tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios desechos. Ustedes caminan hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos porqué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se impregnan los rincones secretos de los densos bosques con el olor de tantos hombres y se obstruye la visión del paisaje de las verdes colinas con un enjambre de alambres de hablar.


Como vemos no se trata de una idolatría a la naturaleza sino de un profundo respeto a la vida en su totalidad, una participación íntegra de esta sinfonía del Todo. Incluso lo que nosotros entendemos como malo o destructivo era para ellos una manifestación natural de la vida, y no un karma o un castigo divino por sus actos. Para ellos el bien y el mal no eran otra cosa que un proceso cíclico de extremos, de renacimiento y destrucción. Un proceso similar al nacimiento y la muerte, al día y la noche, a las estaciones… Otro buen ejemplo es el péndulo de un reloj oscilando de un extremo a otro a fin de conservar su equilibrio. Para ellos el mal no era lo contrario del bien sino su imprescindible complementación, alteridad.



La mente fragmentada, o el oscuro fenómeno de la idolatría 

Es a partir del origen de la religión organizada –primero politeísta y después monoteísta– cuando surge el concepto de la idolatría bajo sugerentes expresiones como el pecado y la virtud, el sacrificio, la fe, la renuncia a uno mismo. Es entonces cuando se pierde esa integridad con el Todo, cuando surge una disociación, una frontera psicológica y emocional entre el yo y lo demás, de tal manera que la Naturaleza pierde todo su sentido sagrado para convertirse en un simple medio al servicio del hombre, trasladándose el concepto universal de sacralidad a uno o varios dioses “creadores” cuya existencia es meramente teórica y subjetiva. Este concepto de la idolatría genera una ruptura en el armonioso equilibrio de los pueblos animistas, dando pie a una jerarquía mercantil del valor humano, una categorización del mundo donde las personas son despojadas del sentido sagrado de su existencia. Es decir, que el valor del ser humano ya no se mide por su mera existencia sino por un determinado linaje o una acumulación de logros. Ahora las cosas ya no forman parte de un todo sagrado sino que están desperdigadas entre tres mundos aparentemente opuestos: uno verdadero: el Paraíso, otro de tránsito: la tierra, y otro de condena: el infierno. Un mundo de dicha y dos de desdicha. Este desequilibrio de la percepción genera un recelo, un prejuicio donde el valor de cada persona o ser vivo es desigual. Puesto que nadie se salva de la "tentación", es necesario guardar las apariencias. Esto da lugar a una permanente paranoia, un profundo desprecio hacia quienes parecen estar "condenados". Surgen los estratos sociales: la clase alta: terratenientes, nobles, reyes..., y la clase humilde: campesinos, artesanos, criados, obreros…, que son la mayoría. La riqueza material se convierte en algo sagrado: una compensación aprobada por Dios. De esta manera las personas pasan a ser un simple material de trabajo al servicio de otros, ya sea un capataz, un sacerdote, un rey o una determinada divinidad.




A tal punto pierde el ser humano toda su trascendencia y dignidad, que a partir del cristianismo es considerado un pecador per se: por el solo hecho de haber nacido. Toda una vuelta de tuerca a la visión panteísta de los pueblos animistas. El ser humano no es más que un pedazo de carne con un alma más o menos defectuosa, un pecador irremisible, un ignorante que necesita de una divinidad que lo guíe, que lo castigue, que lo perdone. Si bien al principio los dioses encarnan los diferentes elementos de la naturaleza, pudiendo el hombre interactuar simbólicamente con ellos, es a partir del monoteísmo cuando se pierde toda interacción, cuando todo se reduce a un simple concepto teórico de fe o esperanza. Es decir que la creencia en Dios ya no se basa en la comunicación simbólica sino en la creencia, o dicho de otra manera: en la creencia de una creencia. Como ya dije en mi artículo “El radicalismo ideológico”, la creencia en Dios es, psicológicamente, el resultado de un fracaso: la imposibilidad de conocer a Dios. 

Esta división entre espiritualidad (experiencia) y religión (creencia) dio pie a la ruptura de la alteridad, de la reciprocidad o complementación como un proceso natural de la vida, lo que a su vez creó un desequilibrio, una disfunción psicológica. Es decir que lo bueno y lo útil ya no necesitaba para su permanencia de la alteridad: de lo supuestamente malo e inútil, pues solo ese Dios teórico decidía, a través de la “inspiración” de sus representantes los escribas, profetas y sacerdotes, qué era positivo y negativo, bendición y castigo. Lo bueno fue santificado y lo malo condenado, demonizado. Despojado el hombre de esta armoniosa unicidad con la naturaleza y expulsado del Edén de la alteridad, sólo le quedaba velar por sus intereses: rezar, idolatrar a este Dios Padre y ganarse su favor a fin de ser recompensado con el caramelo psicológico del paraíso celestial, un reencuentro con la unicidad perdida. No obstante, hacer del bien una dictadura es matar al propio bien, que necesita de su complementación para mantenerse. Es como querer eliminar la noche del día, o la expiración de la respiración, algo que solo puede conducir a la asfixia. Este autoritarismo del bien, de la moral, genera un profundo desequilibrio y caos en una sociedad anteriormente funcional y simbiótica con la naturaleza, pues ya no hablamos de un mal mayor sino de enfermedad sistémica, de anomalía en el propio sistema social. Ya no hablamos de evolución en el mejor sentido de la palabra sino de involución y degradación, siendo el desarrollo tecnológico, paradójicamente, un acelerador del colapso, de la aniquilación total.




Incluso una religión aparentemente más profunda y pacífica como el budismo está sujeta a esta misma fragmentación, a este mismo chantaje emocional, donde conceptos como el Karma y la reencarnación no dejan de ser una versión más desarrollada o refinada del purgatorio y el castigo divino. No niego la realidad del karma, del cielo y el infierno como estados psicológicos, lo que sí niego es el significado sentencioso o expiatorio que se la ha dado. En mi opinión tales conceptos nada tienen que ver con una condena universal sino con una elección personal que, consciente o inconscientemente, tomamos nosotros mismos a fin de evolucionar o ser más autoconscientes, si bien podemos quedar "temporalmente" enganchados en una rueda kármica de repeticiones insanas. Todos sabemos que la mente consciente suele actuar de una manera y el inconsciente de otra. Podemos engañarnos a nosotros mismos pensando de una determinada manera pero el inconsciente siempre nos "traicionará", revelando las verdades que la mente consciente no quiere aceptar. Algo similar sucede con el concepto de Karma: es la mente inconsciente la que nos obliga a enfrentarnos una y otra vez a nuestros temores, ya sea en esta o en varias vidas, hasta ser capaces de superarlos. Cuantas más veces nos enfrentemos y superemos nuestros miedos o traumas, más fluida será la interacción entre la mente consciente y la inconsciente, y mayor será nuestra lucidez. También hay que entender que nuestro inconsciente personal está conectado al inconsciente colectivo y universal. Ciertos estados alterados de conciencia nos permiten "acceder" temporalmente a esta sabiduría universal también conocida como gracia o éxtasis. Solo un pequeño porcentaje de la humanidad es capaz de conseguirlo de manera consciente y a voluntad, sin necesidad de artificios o sustancias psicotrópicas, como por ejemplo los llamados yoguis. Se podría decir que la mente inconsciente gobierna la mente racional o consciente, decide el camino evolutivo o  reencarnativo  a seguir, independientemente del grado de lucidez de ésta última. Ambas mentes, por lo tanto, necesitan equilibrar su frecuencia energética para que se produzca la gracia. Lógicamente, cuantos más filtros o barreras psicológicas tenga la mente consciente, menor será su conexión o interacción con la mente inconsciente, y mayor será el caos. Algo que solo puede resolverse a través de una adecuada terapia psicológica y nutricional, más un posterior proceso meditativo.  Como ya mencioné en mi artículo “La pedagogía negra de la Iglesia”, Buda se iluminó cuando finalmente prescindió de toda búsqueda, de toda disciplina. Sencillamente se sentó bajo un árbol sin esperar ni desear nada. Cuando sentía ganas de comer, comía. Cuando sentía ganas de dormir, dormía. Cuando sentía ganas de reír, reía. Esa es la verdadera esencia de la felicidad o la iluminación, algo que el budismo no entendió o quiso entender, convirtiéndola en una búsqueda, una disciplina, un dogma. Sus organizadores sabían que sin oraciones, ritos, ayunos y amenazas infernales, no habría negocio. Colin Goldner (“El mito del Tibet”): «Aquél que no obedezca las leyes divinas de los lamas se encontrará a sí mismo, inevitablemente, en uno de los dieciséis infiernos. Uno de estos consiste en ser sumergido hasta el cuello en un “maloliente pantano de excrementos”, mientras, al mismo tiempo, es “picoteado y roído hasta el hueso por los afilados picos de navaja de los enormes insectos que allí viven”. En otros infiernos uno es quemado, estrellado, exprimido y aplastado por grandes piedras o cortado en mil piezas por inmensas cuchillas afiladas…» Y esto se repite constantemente por épocas inmensurables. Lo que este tipo de karma, iracundo y patológico provoca en las cabezas de personas simples y sin educación –sin mencionar las cabezas de niños de tres o cuatro años quienes son saturados con esta información– uno solo puede imaginárselo con estremecimiento.

La devoción o la idolatría establece un valor particular a cada individuo dependiendo de su apariencia. Idolatrar a una divinidad es dar por hecho que todo lo demás carece de divinidad o trascendencia. Solo aquellos que comparten la misma devoción serán dignos de un mínimo de respeto. Tengamos también presente que la idolatría hacia una divinidad, sea celestial o terrenal, conlleva su contraparte: la animadversión a otra divinidad o persona. Es difícil adorar a un dios como Yahvé sin aborrecer a Satanás, su inseparable dualidad. Es difícil adorar al dios de una religión sin desdeñar o despreciar al dios de otras religiones y a sus fieles. La idolatría es, por lo tanto, un fenómeno discriminatorio, divisorio: genera a partes iguales tanta devoción como odio. En un mundo terrenal donde, según la religión, nada es sagrado y el mal y la tentación campan por sus anchas, todo se vuelve incierto y sospechoso. Este fervor y a la vez temor, esta continua dependencia hacia este todopoderoso e impredecible Dios mantiene al hombre atrapado, incluso hoy día, en un permanente estado de ansiedad, inseguridad, desasosiego, un estado de conciencia predominantemente infantil, muy similar a la mentalidad que tiene el niño respecto a esos dioses omnipotentes que son sus padres, quienes a bien tienen decidir en todo momento qué es lo más conveniente para él. El adulto que no ha madurado emocionalmente sigue necesitando una autoridad que lo escuche, que lo guíe, que vele por sus necesidades. Psicológicamente sustituye a los padres biológicos por este otro padre celestial mucho más poderoso.

Poco importa que la religión ya no tenga el mismo peso que antaño, ni siquiera que el hombre haya perdido su fe en este difuso y distante Dios, pues por desgracia aún sigue vigente el mismo concepto de mundo verdadero y falso, el mismo sistema jerárquico de valores pero con sutiles cambios. Ya no es ese viejo y severo dios de la religión del Libro quien gobierna la civilización sino el joven dios del capitalismo. Ahora el infierno es la pobreza y el paraíso es la riqueza. Se ha sustituido al jefe de la fábrica pero la maquinaria sigue siendo la misma. El sistema solo ha cambiado de manos, y ahora tenemos a un jefe mucho más abstracto. ¿O más bien muchos jefes? La idolatría se ha diversificado en múltiples ramas donde cada cual encuentra su divinidad o ídolo bajo la forma de un personaje popular, ya sea un actor, un cantante, un gurú o un político. En esta era de las comunicaciones digitales poco importa que la fama de un personaje solo se deba a una simple cuestión de imagen o de propaganda. Lo importante es que sea conocido, que se hable de él. El talento es secundario. Los ídolos humanos solo son ídolos si se habla de ellos, de lo contrario no son más que meros mortales sin valor aparente, de la misma manera que los dioses solo son dioses si se habla de ellos, de lo contrario nadie los conocerá.




Algo muy diferente al sistema de creencias de las sociedades animistas, donde no se trata de creer ni adorar a un determinado dios incomprensible sino de conocer la vida a través de la experiencia extrasensitiva. Gracias a la física cuántica sabemos que el cerebro no percibe lo que ve sino lo que quiere ver, alterando la naturaleza de lo observado por el mero hecho de observar (famoso experimento de la doble ranura). Los físicos han descubierto que las unidades básicas de materia, las partículas subatómicas, poseen propiedades de campo, es decir que no pueden ser aisladas como unidades o bloques individuales. La materia no es más que una concentración particular de campos electromagnéticos, por eso nos da la ilusión de solidez, pero no es la materia o el átomo lo que posee solidez. Una bola de billar, por ejemplo, no golpea otra bola, sino que los campos eléctricos de los electrones que las componen se repelen. Dependiendo de la manera en que se ordenen los átomos, la ilusión de solidez será mayor o menor, pues la fuerza electromagnética no depende de la estructura del átomo sino de una determinada distribución atómica, ¿se entiende? Lo que llamamos solidez es simplemente un orden cuántico. Cada uno de nuestros pensamientos genera pulsos eléctricos neuronales que envían información a todas nuestras células. Si tenemos en cuenta que la energía de estos pulsos es la misma energía electromagnética de la que está hecha la materia, no es de sorprender que algunas personas tengan la capacidad de mover objetos con el pensamiento (telequinesis) o crear formas fantasmales como las tulpas. El universo, al igual que nuestro cerebro, funciona -en mi opinión- como un gran holograma donde todo está conectado con todo. No hay nada fuera de nosotros ni nosotros estamos fuera de nada. Nuestros pensamientos están hechos de la misma energía que la materia. Michael Talbot, autor del libro "Misticismo y física moderna", decía que "Ahí fuera no hay luz ni color, sino solamente ondas electromagnéticas; ahí fuera no hay sonido ni música, sino solamente variaciones periódicas en la presión del aire; ahí fuera no hay calor ni frío, sino solamente moléculas que se mueven con mayor o menor energía cinética media, y así sucesivamente. Lo que hay tanto fuera como dentro es un torbellino vertiginoso de ondas/partículas en diferentes intensidades de vibración. En lo que se refiere a nosotros podría decirse que somos, a la vez, una expresión más de ese mismo torbellino y la Conciencia que lo está provocando o de la que está emergiendo". Uno de los padres de la física cuántica, Ervin Schrödinger, lo expresó del siguiente modo: "Mi mente y el mundo están compuestos de los mismos elementos. El mundo me viene dado de una sola vez: no hay el mundo que existe y el que es percibido. El sujeto y el objeto son solamente uno". Algo muy similar dijo Joseph Pearce, escritor inglés: "La mente del hombre refleja un universo que refleja la mente del hombre". Cada vez más físicos defienden la hipótesis de que solo existe un átomo en el universo, pero infinitamente replicado, "pixelizado", siendo el espacio una simple envoltura del propio átomo. De ser cierta esta teoría, cada uno de nuestros pensamientos y sentimientos se reflejarían instantáneamente en todos los átomos del universo, afectando a todas las conciencias por igual. Yo opino que esto se puede comprobar a través de la teleradiestesia, por ejemplo. Cualquiera que tenga talento con el péndulo puede hallar la ubicación de una persona perdida sin salir de casa, sirviéndose únicamente del nombre del desaparecido y de un mapa. Otras personas como los psíquicos ni siquiera necesitan una herramienta, simplemente se proyectan mentalmente hacia el lugar exacto sin importar la distancia.  
     


El fracaso del yo divisorio

Habiendo sido educado en un sistema jerárquico, competitivo y materialista, basado en el principio de obediencia y sacrificio, el hombre “civilizado” carece, como hemos dicho, de la habilidad para madurar emocionalmente, para responsabilizarse de sí mismo y vivir libremente a fin de acceder a niveles superiores de conciencia. Desde su nacimiento es condicionado para percibir el mundo de manera fragmentada, unilateral: un dios creador y lo creado, un mundo verdadero y un mundo falso, un cielo y un infierno, un santo y un pecador, un pobre y un rico, un blanco y un negro, un paisano y un inmigrante, un emprendedor y un holgazán, un listo y un torpe... El condicionamiento a su vez alteró la naturaleza original de la mente, creando filtros y barreras psíquicas que impedían la posibilidad de percibir una realidad más amplia donde no existe la división sino la alteridad. De modo que para poder funcionar de acuerdo al condicionamiento programado, forzosamente debía fraccionar, clasificar, diseccionar, discriminar. Todo lo que no fuera YO quedaba relegado al “mundo exterior”. Así surgió la mente fragmentada: el yo divisorio. Tales condicionamientos, sin embargo, sólo pueden ser efectivos a partir de la infancia, cuando el niño no ha desarrollado sus capacidades cognitivas y depende en todo momento de sus padres, maestros y sacerdotes, que inconscientemente repiten lo que hicieron con ellos mismos: suplantar la personalidad original del niño por otra más acorde a los intereses de la sociedad y los poderes, impidiéndole crecer y seguir su destino natural. Dividen su mente para que él mismo se castigue, juzgue y limite su espontaneidad y energía. Le hacen ver que no le aman por lo que es sino por lo que debería ser, premiándolo si lo consigue. De manera que el niño aprende a luchar contra sí mismo, a quemar sus energías para convertirse en otro, en un personaje ideal, en una ilusión. Así es como le enseñan el camino de la falsedad, del temor (a ser él mismo), de la dependencia. Sacrifican “su alma” a cambio de una falsa identidad muy elaborada que le sirve para desenvolverse dentro de unos límites sociales establecidos. El problema de este sustitutivo es que deja de ser efectivo fuera de su entorno conocido. De ahí el miedo generalizado a la soledad, al rechazo, a la muerte, pues en tales circunstancias la falsa identidad pierde su funcionalidad.




Cuando los niños se hacen adultos, trasladan ese mismo principio de autoridad y competitividad hacia los demás, reproduciendo su desequilibrio interno a nivel global. El sentimiento de aislamiento e insignificancia existencial que genera esta fragmentación de la identidad, crea en muchas personas un complejo de inutilidad o inferioridad que en vano tratan de combatir mediante una continua exhibición y exaltación de sus facultades. Pero este deseo de poder no surge precisamente de la fuerza sino de la debilidad, de la incapacidad de resistir esta fragmentación, este aislamiento ante la realidad o la alteridad. El deseo de ser exclusivo y fuerte enfrentado al sentimiento de angustia, temor, impotencia e infravaloración, produce un conflicto mental que solo puede aliviarse mediante un comportamiento posesivo o masoquista. Pero vuelvo a lo de antes: es la debilidad, la incapacidad de resistir el peso del yo fragmentado lo que conduce a esta insana relación de dependencia con el otro, ya sea un individuo, una institución, un dios o una ideología. Siendo el sadismo y el masoquismo dos caras de una misma moneda, la mayoría de las personas necesitan depender de un dirigente o un grupo de poder para posicionarse en contra de otros. Si bien la sumisión –la idolatría– a un líder o una institución les otorga la posibilidad de sentirse protegidos y acompañados por millones de personas que comparten sus mismos sentimientos, el odio a otros líderes e instituciones, en cambio, les otorga un sentimiento compensatorio de fuerza y poder. De esta manera persiguen la obediencia para ejercer su autoridad; persiguen la unión para dividir o destruir, adormeciendo así los síntomas de su propio sufrimiento, pero sin eliminar jamás el origen de sus conflictos internos.

También el satanismo es un claro ejemplo de esta sumisa dependencia a un ídolo (esta vez mitológico) con el fin de ejercer un poder. Solo que en este caso los llamados satanistas o luciferinos pueden dar rienda suelta a su sadismo y justificarlo sin sentirse avergonzados, aparentemente liberados del temor al castigo infernal, de manera muy similar a esos dictadores "católicos" que ejercían su sadismo contra minorías sociales con la justificación de salvar a su pueblo de las garras de la anarquía comunista o de la conspiración judía. Es importante saber que todos los miedos humanos son ramas de un mismo árbol cuya raíz es la muerte física: la pérdida de este falso yo sustitutorio. Esta permanente sensación de temor  e impotencia ante la muerte ha generado innumerables guerras y conflictos a lo largo de la historia, pues es precisamente en la guerra, en el juego con la muerte, donde el ser humano alcanza su máxima abstracción, aunque resulte paradójico. Independientemente de la  situación social que se viva, hay quienes seguirán inmersos en su banal rutina y quienes buscarán cualquier justificación para lanzarse directamente a los brazos de la muerte, dándole así un último sentido a su vida. Y es que el mayor temor para la mente fragmentada no es la muerte sino la carencia de una identidad particular. Es la identidad, por encima de la razón, la moral o el intelecto, lo que le da un poco de sentido a su vida. Capaz es de sacrificar su vida, asesinar o apoyar el asesinato de vidas humanas  si eso le sirve para defender su identidad: su cultura, su religión, su ideología. Incluso se podría decir que busca el enfrentamiento no tanto para defender su identidad como para reforzar, consolidar la ilusión de tener una identidad, y con ello una responsabilidad, un destino, una meta. De esta manera el yo divisorio puede compensar  su  sentimiento de vacuidad, de insignificancia, con la motivación de ser o sentirse un elegido, un justiciero de Dios, de Hitler, de Stalin o de fulano.   

Así pues, la idolatría no necesita de la religión o de un Dios omnipotente para manifestarse en toda su radicalidad. Que una persona no esté dominada por la creencia religiosa o la fe no significa que sea plenamente objetiva y racional, puesto que el ateísmo occidental no es más que otra creencia: la creencia en la no creencia religiosa, una contra-respuesta a la teología institucionalizada. Un buen ejemplo lo encontramos en el comunismo bajo las figuras de Stalin, Mao, Kin Jong Un, líderes muy humanos y disfuncionales considerados cuasidivinos por la mayoría de su pueblo. La fe, la devoción en un dios todopoderoso se trasladada en este caso a un dirigente terrenal. En estos regímenes el ciudadano ni siquiera tiene un alma más o menos imperfecta, ni siquiera puede aspirar a la salvación en el otro mundo. Todo él se reduce a una herramienta, un pedazo de materia cuyo único cometido es su capacidad de entrega en aras del sistema. Su pensamiento se ha mecanizado y reducido a un único objetivo: servir lo mejor posible. Este lavado brutal de cerebro solo es posible desde la infancia. Solo entonces puede el ciudadano convencerse de su insignificancia ante al gran líder. La única motivación de su vida es el honorable sentimiento de servir a este dios terrenal sin importar las barbaridades que cometa. Pero como ya hemos dicho que la sumisión o la idolatría necesita obligatoriamente su contraparte o su fuerza compensatoria, el obediente trabajador será él mismo un dictador hacia otros trabajadores que se encuentren en un puesto categóricamente inferior. La devoción hacia su líder se reflejará en pura animadversión hacia otros líderes del mundo que no sean sus aliados.




No muy diferentes son esos regímenes dictatoriales donde sí es admitida y defendida la religión, como sucedió en las dictaduras fascistas de Mussolini, Hitler, Franco o Pinochet, que a bien tuvieron todos ellos de utilizar el cristianismo católico para justificar su poder, autoproclamándose elegidos de Dios en su misión de guiar convenientemente a su pueblo hacia un destino universal. Si bien en este caso el ciudadano sigue siendo una herramienta al servicio del poder, aún cuenta con un alma y un sentido de trascendencia, aunque solo sea con los de su mismo credo y “raza”. Afortunadamente este tipo de totalitarismos políticos ha sido prácticamente desmantelado, siendo sustituidos por un totalitarismo financiero aparentemente más benévolo y democrático, cuyo gran líder es el dinero.




Una buena parte de la población mundial cuenta hoy día con suficientes medios de información como para tener un conocimiento más objetivo de la realidad y por ende de sí misma. El analfabetismo y la desnutrición han desaparecido prácticamente de las sociedades desarrolladas, y fácilmente se puede contrastar cualquier información sospechosamente sesgada o manipulada. Nunca antes ha contado el ser humano con tanta información a su alcance, y sin embargo sigue sin encontrar el sentido de su vida, su trascendencia. De hecho todo parece aún más confuso y caótico que antes. Los principios morales o educativos no parecen haber mejorado, más bien al contrario: el tráfico de personas, armas y drogas parece aumentar progresivamente año tras año a nivel global, y con ello la delincuencia y la criminalidad. El terrorismo se ha implantado como un nuevo sistema de violencia y la amenaza nuclear es más palpable que nunca. El individuo común sigue viéndose como una  partícula insignificante en un universo infinito e intrascendente, pero esta vez perdido en una desoladora libertad, independizado en gran medida de ese viejo y celoso dios de la religión. Al ser incapaz de conocer su verdadero ser, de expresar sus sentimientos reprimidos y confiar en sí mismo, no le queda otra que buscar su identidad en el reconocimiento, en la aprobación de los demás, en la fama, actuando de acuerdo a lo que se espera de él. De esta manera puede verificar su individualidad y existencia en las opiniones de los demás, que le ayudan a saber quién es él. Ahora bien, la sustitución de su identidad original por este falso yo, lejos de eliminar el temor y las dudas, las intensifica, puesto que él se convierte en un peón, una simple herramienta al servicio del otro, ya sea una persona, un público, una secta o un poder institucional. Tal sumisión sólo puede ser compensada, como ya hemos dicho, mediante una personalidad sádico-masoquista, que no necesita de ningún acto sádico radical para ejercer su autoridad manipuladora hacia los más indefensos, a los que sí puede controlar: “Si te pego es porque me preocupo por ti, porque te quiero”. “Nunca encontrarás a una persona que te comprenda mejor que yo”… Demostrando “atención y cariño” solo cuando su autoridad es obedecida. Por desgracia este desequilibrio de la personalidad o supresión de la percepción es la norma en el ser humano, cuyos efectos son claramente palpables en todos los ámbitos de la sociedad, desde el sistema político-económico al sistema educativo.




Sean o no creyentes, la mayoría de las personas siguen cargando en sus mentes con el concepto judeocristiano del masoquismo como purificación: de que las cosas sólo entran con dolor (quien bien te quiere te hará llorar), de que la vida es un valle de lágrimas o que el mundo verdadero está por llegar. El actual sistema escolar se construyó a partir de esta aberración. Como ya dije en mi artículo "El gran fraude del sistema educativo", la mayoría de los jóvenes son chantajeados emocionalmente para memorizar durante años extensos y tediosos párrafos que rápidamente olvidan tras los exámenes, pues, lo que no se aprende con placer, la mente lo vomita rápidamente como un veneno. ¿Eso es educación? ¿Pero quién disfruta? Nada aprende quien no disfruta aprendiendo. Incluso las denominadas escuelas laicas están completamente influenciadas por la religión, por siglos de autoritarismo y represión a manos de militares y sacerdotes, ya que al niño se le exige –bajo amenaza de castigo– que no dude, que tenga fe en todo lo que se le dice y ordena. Así pues, los libros de texto son tomados como catecismos y no como herramientas formativas; el papel del profesor es el papel del sargento, del sacerdote, donde nada de lo que dice puede ser cuestionado; contradecirle es faltar a lo más sagrado, al establishment, a todo el sistema educativo. Semejante osadía sólo puede conllevar nefastas consecuencias al estudiante curioso e inconformista. Paradójicamente, aquello que nos hizo bajar de los árboles, aprender a caminar erguidos y a pensar: la duda y la curiosidad, será repetidamente reprobado por quienes deberían dar ejemplo y fomentarlo. ¿Cómo vamos a fomentar la paz, la igualdad de derechos y la cooperación si desde las escuelas les negamos a los jóvenes sus derechos más básicos? ¿Cómo van a convertirse en personas cívicas y responsables si les estamos enseñando un modelo de conducta autoritario, competitivo y discriminatorio? Cuando los niños dependen en todo momento de lo que los padres o maestros digan o manden, estos niños se convierten de mayores en personas sin iniciativa propia y dependientes crónicos de las autoridades políticas y religiosas como padres-profesores de reemplazo; aceptarán cualquier orden que reciban, incluso cualquier sugerencia, sin apenas cuestionarla, tal como hicieron tantos nazis en la segunda guerra mundial.  

Muy distintas son aquellas personas que desde su nacimiento tuvieron la oportunidad de ser amadas y respetadas sin condiciones, ya pertenezcan o no a estas sociedades “civilizadas”. O bien aquellas otras que, habiendo sido educadas en la competitividad y en la violencia emocional, tuvieron el valor de enfrentarse a sus miedos, a sus limitaciones mentales. Quienes conocen su naturaleza espiritual no necesitan someterse a nada ni a nadie porque no se sienten separados de nada ni de nadie: saben que no hay vacío sino presencia: que todo es energía universal bajo diferentes vibraciones. Como decían los sabios de oriente: “El miedo divide las cosas en opuestos. El amor las vuelve a unir”. Este amor nada tiene que ver con un apego, un sentimiento o un pensamiento sino más bien con un alto grado de lucidez o vibración energética que nos sintoniza con la energía universal, potenciando nuestra propia energía biológica. El amor, la sabiduría o como queramos llamarlo no es, por lo tanto, un logro, un talento o un bien personal sino una mera sintonización energética. No obstante todos nacemos con una sabiduría innata, intuitiva, que fácilmente desarrollamos cuando somos tratados con respeto, cuando nos dan la libertad de ser lo que somos, y no lo que deberíamos ser. Por lo tanto no necesitamos gurús ni logias ni escuelas espirituales. No necesitamos a nadie que nos diga lo que debemos saber o cómo vivir. Todos somos aprendices de la vida.  Este sentido de libertad, de confianza en uno mismo no significa estar cerrado a los demás sino todo lo contrario: es escuchar con respeto todas las opiniones, estar abierto a cualquier consejo o enseñanza, pues vivir en libertad es saber escuchar. De hecho es precisamente en la libertad cuando más aprendemos de nosotros mismos y de los demás. Dicho así, todas las personas se convierten entonces en nuestros maestros, pero esta vez desde un sentido  trascendente, espontáneo: tomamos con agradecimiento lo que consciente o inconscientemente nos ofrecen, ya sea un ejemplo positivo o negativo, para acto seguido continuar nuestro camino. Todo lo contrario de  aquellos que necesitan compensar su dependencia a una autoridad política o "espiritual" posicionándose en contra de quienes no piensan o actúan tal cual. Depender  no es otra cosa que discriminar. Tan dependiente  es el aprendiz del maestro como el maestro del aprendiz.

Esta falta de fe en uno mismo, que es la idolatría, tiene su contraparte en la envidia o el odio, que no deja de ser esa misma falta de fe pero desde la otra cara de la moneda. ¿Acaso no es común entre dos personas pasar de una profunda admiración a una profunda envidia o animadversión, sin tocar nunca el punto medio? Todo lo contrario del amor o la lucidez, que es, como decía Buda, el camino del medio: la neutralidad total, la unicidad, sin extremos o dualidades. La idolatría, en cambio, es una forma de indolencia o derrota: salir de nuestro camino para seguir el camino de otro, o bien buscar en otro lo que ya está en uno mismo, algo que nunca nos llevará al autoconocimiento. Si Gautama Siddharta hubiera idolatrado a un Buda, jamás habría encontrado el camino despejado para encontrarse a sí mismo.



La madre de la idolatría: la creencia ciega

Cuando la creencia es ciega, dejamos de “ver”, de percibir, de intuir. Lejos de otorgarnos un mayor conocimiento de la realidad, la creencia ciega nos aleja de ésta, nos vuelve dependientes de un ideal, ideología o grupo de poder. Nos vuelve egocéntricos y prepotentes ante aquellos que no comparten nuestras creencias o las desconocen, pues creer ciegamente en algo es hacer nuestra esa creencia, integrarla como parte esencial de nuestra identidad, lo cual nos sirve para reforzar nuestro yo divisorio, para blindarnos con un sentimiento de poder y superioridad ante los demás, que no es otra cosa que un sentimiento de protección ante la realidad. Por suerte o por desgracia la realidad siempre nos sorprende echando por tierra la mayoría de nuestras creencias, invalidando teorías religiosas y científicas que por décadas o siglos se refrendaron como irrefutables. Evidentemente hay hechos científicos incuestionables como por ejemplo que la Tierra es esférica, pero esto no es una teoría o una creencia sino un hecho que podemos comprobar con unas simples mediciones. Ver salir el sol por el este y ponerse por el oeste es otro hecho que todos podemos comprobar. Aunque lo más adecuado sería decir que, salvo los días de equinoccio, el sol sale más o menos por el este y se pone más o menos por el oeste. No confundamos los hechos con las creencias. Los hechos seguirán siendo hechos aunque el funcionamiento mismo del universo nada tenga que ver con lo que imaginamos, y todo tenga su raíz en una proyección mental colectiva, como así parece demostrarlo la física cuántica. Pero como nada es inamovible, los hechos que actualmente percibimos como genuinos se transformarán en otros hechos cuando las propias leyes del universo cambien o se reviertan. Como dice el cuarto principio del Kybalion, sin duda el libro más antiguo y profundo jamás escrito, "Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos, los semejantes y los antagónicos, son lo mismo: los opuestos son idénticos en naturaleza pero diferentes en grado. Los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse".  

Solo hay una creencia verdadera: la creencia en uno mismo. Esta es una frase hecha cuyo sentido no debe tomarse de manera literal, pues no estamos hablando de creencia sino de confianza, de lucidez. La creencia ciega, por el contrario, es un intento de compensar el desconocimiento y la poca fe en uno mismo con un ilusorio sentimiento de protección y poder junto a esas miles o millones de personas que comparten “nuestra” creencia, nuestro miedo. Y cuanto más forcemos nuestra creencia, cuanto más tratemos de justificar nuestro miedo, más ciega será. ¿Acaso estoy diciendo que lo ideal sería no creer ciegamente en nada? Así es. Las creencias son inofensivas cuando les precede la duda, y perniciosas cuando la duda se sitúa detrás. Son inofensivas cuando las tomamos como referencias o indicios, y no como verdades. Hacer de la creencia una probabilidad, en vez de una verdad, nos otorga la libertad de expandir ilimitadamente nuestra mente, de seguir aprendiendo continuamente sin temor de que una creencia “externa” derrumbe “nuestras” creencias personales (nuestra falsa identidad). También nos permite mantener una visión panorámica y multidimensional de la realidad, revitalizando permanentemente nuestra lucidez y nuestro asombro por la vida. Todo lo contrario de la creencia ciega, que nos vuelve estúpidos: fanáticos, paranoicos, intolerantes, dependientes crónicos de “líderes”, gurús y grupos de poder, encerrándonos en una microscópica y distorsionada percepción de la realidad: el yo divisorio.

Es indudable que gracias a Internet se está generando una revisión o replanteamiento extraoficial de toda la historia y la ciencia humana. Si bien algunas teorías están respaldadas por indicios y pruebas científicas anteriormente ignoradas o desechadas, como por ejemplo la simple pero bellísima teoría i-fotónica del Todo, de José Hernando Alfonso, hay otras que solo son el producto de un ciego fanatismo religioso o anticientífico como es la teoría de la Tierra plana, muy en boga actualmente y popularizada nada menos que por un rapero. Otras teorías incongruentes como la existencia de seres reptilianos infiltrados en la sociedad son el producto de un evidente márquetin manejado desde arriba con el fin de ridiculizar todo el fenómeno teórico de la conspiración, incluidos a aquellos que realizan una encomiable labor de información alternativa. La popularidad y aceptación de este tipo de teorías alienígenas sin pruebas contrastables pone en evidencia su misma falsedad. Por lo tanto es importante aprender a separar el grano de la paja. Otras teorías científicamente indemostrables, como la existencia de seres inmateriales o arcontes que se alimentan de la energía humana (de su baja vibración emocional)  han de ser tomadas con muchas reservas, aun contando con algunos indicios interesantes. Siempre el camino del medio.




Una vez profundizas en el funcionamiento de la maquinaria social, comprendes que los llamados "expertos", financiados y controlados por la élite del poder, han manipulado y maquillado prácticamente toda la información contenida en los libros oficiales de historia y ciencia. Comprendes que los más famosos inventores o genios de la historia humana fueron aquellos cuyas invenciones o aportaciones resultaron económicamente rentables al sistema capitalista o monetario de esta élite, y que muchos otros genios desconocidos, quizá la gran mayoría en porcentaje, fueron inexorablemente vetados, amenazados, asesinados por sacar a la luz inventos cuyas aportaciones revolucionarias eran de índole más humanitaria que económica, como la energía libre de Nikola Tesla o el motor de agua. Y esto mismo sigue sucediendo hoy en día con incontables genios que son ignorados, vetados o ridiculizados por la bien pagada y obediente comunidad científica. La historia oficial de la humanidad no es más que una gran novela escrita por la élite.  



La élite del poder

Solo aquél que sabe gobernarse a sí mismo es indestructible. La unicidad es inquebrantable, incorruptible. No podemos esperar que los políticos y los financieros resuelvan nuestros problemas o los problemas del mundo; solo cada persona puede mejorarse y mejorar el mundo desde su código personal de conducta, desde su propio desarrollo interior. Ningún profeta o gurú puede salvarnos o hacer por nosotros nuestro trabajo interior. Ninguna colectividad puede servirnos para vencer el mal, la injusticia o la explotación humana, puesto que para ello se requiere total lucidez, amor, empatía, y tal iluminación solo puede ser individual, personal. Cualquier grupo, asociación o entidad que formemos para tal fin acabará derrumbándose por múltiples divergencias entre los socios: distensiones, filtraciones, sobornos, etc. Unos querrán más poder, otros querrán ir hacia una dirección y otros en otra… No dudo que pueda haber algún efecto positivo al principio, pero ese mismo grupo que se creó para combatir el mal acabará atacándose y destruyéndose a sí mismo, o bien servirá como punto y seguido a un sistema aún más autoritario y explotador, como tantas veces ha ocurrido en el pasado. El poder, entendido en su interpretación fundamental, es decir como organización o estamento gobernante, es en sí mismo predatorio: manipulador, controlador y sacrificial tanto a nivel interno como externo, hacia las masas. Y cuanto más poder atesore, cuanto más extienda su poder a otros poderes, más acentuado será este modus operandi. Independientemente del signo o disfraz en que se presente, ya se declare religioso o laico, de izquierda o de derecha, su finalidad siempre será la misma: la expansión ilimitada de su poder bajo diferentes formas o estrategias dependiendo de su signo. Así, por ejemplo, mientras en una dictadura convencional el ciudadano no tiene más elección que obedecer a un único dirigente, en una democracia se le hace creer que es libre para elegir a los diferentes candidatos elegidos por ese mismo poder.




Debemos entender que la democracia es el gran  decorado de una obra teatral cuyos actores son los políticos. Por lo tanto no hay buenos o malos políticos sino buenos o malos actores. El buen político es el buen actor que hace creíble su papel, eso es todo. La élite del poder  simplemente escribe los guiones y elige, a través de sus directores de reparto, a los actores que interpretarán el papel asignado. Los únicos requisitos para tal prueba es  poseer algún título de leyes, tener mínimas dotes oratorias y ser decididamente psicópata. Superado el casting, unos interpretarán el discurso reivindicativo de la izquierda, otros el discurso moderado del centro y otros el discurso inflexible de la derecha o la ultraderecha. La finalidad del poder es que los partidos políticos atraigan y canalicen hacia sí todo el espectro de creencias y sentimientos de cada ciudadano: sus esperanzas, su sentido de la solidaridad y del compromiso, pero también la rabia reprimida, el odio racial legitimado por los partidos de extrema derecha. De esta manera todos, desde los más conservadores a los más liberales, tenemos cabida en este inmenso anfiteatro de la política. Lógicamente nada de lo que estoy diciendo es nuevo. Ya se descubrió el pastel a principios del siglo XX con ese controvertido documento de Los protocolos de los sabios de Sion, donde la élite del poder, con un desprecio absoluto hacia la ciudadanía, se reservaba el derecho de idear, crear, financiar y dirigir tanto a la izquierda política como a la derecha a fin de controlar cualquier tipo de rebelión. Es la llamada disidencia controlada: antes de que surja cualquier revolución incontrolable, ellos la crean y financian con el respaldo de un buen elenco de actores, de esta manera siempre tendrán el control total de los políticos y los partidos. Y si por casualidad se produce algún foco de rebelión sin su consentimiento, no tardarán en poner en marcha todo un dispositivo de emergencia a fin de aplastarlo o suplantarlo silenciosamente, pues siempre cuentan con canteras de actores en reserva para tales casos.

Actualmente los ejemplos más sonados de esta disidencia controlada los tenemos en la Grecia del "izquierdista" Alexis Tsipras o en la Venezuela de Maduro, incumpliendo ambos casi todas sus promesas electorales y llevando a su pueblo a una miseria sin parangón. No es de extrañar que muchos ciudadanos de España se hayan olido la trampa y hayan dejado de apoyar masivamente a ese otro gran salvador del pueblo llamado Pablo Iglesias, que cerca estuvo de liderar el país poco antes de meter muy convenientemente la pata en un par de debates televisados. Lógicamente todo estaba en el guion. Si bien el poder necesita de la disidencia controlada para encauzar las tensiones negativas de una buena parte de la población, es menester que estos actores de la revolución no lleguen a tomar las riendas del gobierno, y no porque entrañen un peligro mayor que los conservadores ortodoxos -pues ya hemos dicho que todos son actores-, sino porque el desencanto y la frustración de la ciudadanía es mucho mayor cuando estos "salvadores" llegan al poder incumpliendo todas sus promesas, como bien ha sucedido en Grecia, donde ya nadie cree en la política. La élite del poder necesita que la ciudadanía siga creyendo en salvadores, necesita que los más desencantados de la población sigan corriendo tras la zanahoria de algún revolucionario que esté dispuesto a sacrificarse por ellos. Actores nunca faltan.




La historia nos ha demostrado que no es posible mejorar el sistema combatiéndolo, puesto que es la cúspide del propio poder quien crea y fomenta la rebelión o la disidencia a fin de controlar totalmente ambos bandos, llámense capitalismo o comunismo, izquierda o derecha, conservadurismo o liberalismo, de tal manera que ambas fuerzas se fagocitarán y anularán entre sí sin rebelarse contra el auténtico poder que está en la sombra, como bien se ha podido constatar a través de los diferentes movimientos sociales y regímenes. La fórmula de este juego de los opuestos es bien sencilla: tesis + antítesis = síntesis. Muy bien lo debe estar haciendo esta élite para que aún hoy día la mayor parte de la población no haya descubierto el pastel. Muchos seguirán luchando contra el poder sin ser conscientes de que en realidad lo están alimentando. Altos masones y periodistas de investigación como Gioele Magaldi y Fritz Springmaier, o exclavas sexuales MK-Ultra como Arizona Wilder, Cathy O´Brien, Brice Taylor, Cisco Wheeler, Fiona Barnett, Svali Waldrop, Candy Jones, etc., han destapado la maquinaria de tortura y muerte del propio sistema revelando hechos de un sadismo más allá de lo concebible, si bien es cierto que una parte de esa información ha podido ser contaminada por sus propios "amos". La democracia, por ende, no es más que un disfraz de la psicopatocracia, del paganismo satánico de la élite mundial, que es la que realmente domina la política y las finanzas.




Innumerables fuentes de información alternativa, como la aportada por el prolífico Dr. Peter Beter, sostienen con pruebas o documentos que fue la familia Rothschild junto con los Rockefeller quienes financiaron tanto el comunismo de Stalin como el fascismo de Hitler. De hecho, ellos alentaron y financiaron la revolución rusa y provocaron la Primera Guerra Mundial para permitir a los illuminati derrocar el poder de los zares en Rusia y trasformar el país en una fortaleza del comunismo, entre otras cosas. No estamos hablando de gente con mucho dinero, sino de los dueños de la Reserva Federal, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de la Organización Mundial de Comercio y los bancos centrales. Estamos hablando de los dueños de la economía mundial. Así, cada vez que el gobierno federal necesita dinero, debe pedírselo a la Reserva Federal. Ésta lo imprime y se lo presta al Departamento del Tesoro, el cual paga un interés por él. Puesto que el dinero les pertenece por ley, su poder es casi ilimitado. No en vano, Meyer Amschel Rothschild, fundador de la banca que lleva su apellido, dijo en 1810: “Permitidme fabricar y controlar el dinero de una nación, y ya no me importará quiénes sean sus gobernantes”. Sólo una persona en el mundo, el presidente John F. Kennedy, intentó acabar con la dictadura de la FED en 1963 y fue asesinado en noviembre de ese mismo año.

Como bien explica el investigador Jorge Guerra en su blog, la dinastía de los Rothschild (una de estas todopoderosas familias) se remonta a la oscura Hermandad Babilónica, a principios de la era cristiana, donde construyeron un poderoso imperio financiero marítimo basado en prestar a la gente un dinero ficticio cobrándoles un interés. Es decir, alguien crea un “dinero” muy elaborado de la nada e insiste en que la gente le pague por hacerlo. Si alguien más hiciera eso, sería arrestado por fraude, pero los bancos lo hacen todos los días muy legalmente. Un engaño financiero que todavía hoy controla al planeta. Los Linajes que llegaron de Babilonia a Venecia se casaron con la nobleza, compraron títulos para sí, o simplemente inventaron otros. Por consiguiente, desde alrededor de 1171, se hicieron conocidos a lo largo de Europa como la “Nobleza Negra”. Operaron a través de Italia del norte hasta Génova y en un área que se hizo conocida como Lombardía, entrando al norte en lo que es ahora Suiza, que sigue siendo una fortaleza financiera para la Hermandad. ¿Se entiende por qué nunca es atacada ni participa en guerras, incluso cuando cada país a lo largo de sus fronteras está involucrado? Suiza es la base de operaciones financieras para aquellos que están causando las guerras, y por tanto se aseguran que no está involucrada. (Hay hechos tan evidentes que no necesitan de ninguna teoría conspirativa.) No fue hasta 1913, con la creación de la Reserva Federal, cuando su poder se hizo casi ilimitado. Lógicamente estas familias nunca saldrán en la lista Forbes de los más ricos, puesto que su modus operandi es valerse de testaferros para dirigir en la sombra y decidir quiénes son y van a ser "los más ricos" del planeta, o los más obedientes. Bajo el lema "divide y vencerás", han dominado durante siglos la política internacional a base de generar crisis económicas, guerras y terrorismo de falsa bandera. Si bien, como dije anteriormente, no debemos caer en la creencia ciega, eso no significa que dejemos de tener en cuenta ciertos indicios y evidencias documentales. No estamos hablando de entidades abstractas como los supuestos arcontes sino de personas con nombres y apellidos que han gobernado el mundo tras el velo de Isis.

Siendo consciente de que estas fuentes no oficiales de información encajan como piezas de un puzle en la realidad que vivimos, actuaré en consecuencia sin esperar a que el telediario o la información oficial me las confirme, algo que muy difícilmente ocurrirá. Si, por ejemplo, tengo indicios de que mi vecino es un psicópata aun no pudiéndolo comprobar, no se me pasará por la cabeza dejar a mi gato bajo su cuidado. Así pues, mis indicios y evidencias me llevan a respaldar la teoría no oficial de que la finalidad de estas trece familias milenarias que componen la élite mundial es desgastar la estabilidad emocional de la sociedad para implementar un Nuevo Orden Mundial bajo un único gobierno totalitario, generando terrorismo de falsa bandera y fomentando subrepticiamente la división y la violencia como justificante para la implantación masiva de microchips en la población, ejerciendo así un control absoluto sobre la misma. Intentar, por lo tanto, combatir frontalmente este poder es alimentarlo, ya que solo se fortalece a través del conflicto y la división, como ya dije anteriormente. (No obstante, no descarto la remota posibilidad de poder luchar frontalmente contra el poder y comprometerlo de alguna forma siempre y cuando lo hagamos de manera anónima e individual, o bien contemos con un pequeño grupo de expertos muy disciplinados y compenetrados entre sí, unidos por una profunda y demostrada lealtad.)




Es bien sabido, por ejemplo, que uno de los puntos más relevantes de su agenda global es idiotizar o envenenar “sosteniblemente” a la población para así facilitar esta transición al gobierno único, ya sea a través de los medios de comunicación, las vacunas, la comida industrial o bien a través de geoingeniería como el HAARP, los chemtrails y demás armas químicas, electromagnéticas, psicotrónicas y bacteriológicas. Lógicamente nada de esto saldrá a la luz pública excepto como fórmula de desprestigio hacia los llamados "conspiranoicos", ya que esta élite quien controla los medios de comunicación o las grandes firmas editoriales y bien saben cómo idear y mezclar las más falsas y absurdas conspiraciones de las verdaderas a fin de controlar la disidencia y ridiculizar a quienes no sostienen la teoría oficial. esto es algo que han venido haciendo desde hace milenios, fabricando religiones coercitivas y manipuladoras para sus intereses y falsificando la historia, apropiándose de los más valiosos descubrimientos científicos y arqueológicos, dándole al profano solo las migajas y las mentiras. A través de agencias de inteligencia  como la CIA e instituciones de experimentación psicológica o de lavado de cerebro (programas de control mental "MK-Ultra" y "Monarch") como Tavistock, For, Warhton University, Institute for Policy Studies, NTL, etc., ellos crearon el fenómeno del ídolo musical y las fans como mecanismo de control mental de masas, sumergiendo al país en un mar de drogas de diseño como el LSD a fin de erosionar y desprestigiar el movimiento de rebelión juvenil contra la guerra de Vietnam, como bien han explicado algunos investigadores como Jorge Guerra. No sería descabellado afirmar que ellos fueron los creadores del rock, y no precisamente Elvis Presley. De hecho el rock y posteriormente el heavy metal se convirtieron en mecanismos ideales para inducir determinados estados alterados de conciencia que facilitaban la total asimilación de mensajes simbólicos o subliminales de las letras de las canciones, actuando como disparadores mentales. Se dice que el filósofo y musicólogo Theodor Adorno era el que componía las canciones de los Beatles, que sin duda fueron buenos interpretes pero programados MK-Ultra, como así dejaron ver de manera implícita en las portadas de sus discos y en las letras de algunas de sus canciones. Y esto sucede en la mayoría de las estrellas del rock y del pop actual, cuyo nivel de programación ya es absolutamente descarado.

Posteriormente inundaron el país con otro tipo de drogas adictivas devastadoras como la cocaína y la heroína a fin de fomentar la delincuencia y justificar medidas represivas de control a la ciudadanía. Unos documentos con sello federal estadounidense que fueron desclasificados, apuntan que la CIA acudía al narcotráfico para llenar sus arcas y realizar sus operaciones clandestinas. Esto comenzó en los años 70 y tuvo su punto culminante en los 90. Más de 8000 documentos del Gobierno federal desclasificados por el Acta de Información Pública revelan los detalles de estos controvertidos vínculos. Informes de la década de los 80 muestran que para contrarrestar la presencia militar soviética en Afganistán, EEUU gastó más de 2000 millones de dólares en el financiamiento de la resistencia afgana a través de los cárteles de la droga. Según el Bureau de Drogas y Crímenes de la ONU, con la llegada de EEUU a Afganistán se habría incrementado de forma considerable el cultivo de la adormidera, pues en el 2007 el 93% de los opiáceos del mercado mundial procedían de Afganistán. Actualmente la superficie de tierra dedicada a la producción de opio en territorio afgano supera el cultivo de la coca en América Latina, siendo el opio y la coca las principales fuentes de financiación de una CIA convertida en la mayor transnacional de la droga. Así, desde 2004, un billón de dólares del tráfico de opio habría sido utilizado para financiar la guerra en todos los frentes. No es de extrañar que el hijo de Pablo Escobar, el mayor narcotraficante de la historia, afirmara en su biografía que el mayor comprador de su padre no era otro que el gobierno norteamericano. 

Ellos mismos se arrogan el mérito de ser los fundadores de la democracia y la "libertad", cuando en realidad la democracia ha sido la  más productiva y rentable de sus incontables dictaduras, ya que otorgándole una pocas concesiones al ciudadano y haciéndole creer que es libre, consiguen explotarlo mucho más eficazmente que a través de una dictadura convencional. Esto es algo que se ha podido comprobar a lo largo de los siglos. El desgaste de medios que conlleva la gigantesca red de espías, fuerzas de seguridad y estadistas de una dictadura convencional sumado al bajo espíritu competitivo del ciudadano que es forzado a obedecer,  no compensa su muy limitado nivel de productividad y creatividad. Todo lo contrario de la democracia capitalista, donde el ciudadano ya no necesita ser reprimido ni censurado ya que él mismo se autocensura voluntariamente por el bien del Estado, al que percibe como una benevolente figura paternal. De igual manera actuará gratuitamente como un colaborador afanoso y diligente del sistema, lo que permite matar dos pájaros sin pegar un solo tiro. No obstante esta élite de psicópatas necesita generar ciertas dictaduras convencionales repartidas por el mundo que permitan tensar y reforzar la propia estructura democrática a través del miedo o la amenaza, como así ocurrió en la muy rentable Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. ¿No es lo mismo que está ocurriendo actualmente con Corea del Norte, y próximamente con Irán, el siguiente de la lista?





Ahora se sabe que kin Yo Nun, este ridículo dictador de Corea con aspecto de malo de una película galáctica de serie B, no es más que otro títere de la élite, un programado MK-Ultra de la CIA estratégicamente vestido y ataviado para ser públicamente mostrado como un peligroso dictador chiflado, pero esta vez con estética futurista seudohitleriana. Si tenemos en cuenta que el mercado de las armas es el más rentable que existe junto al mercado de la droga, y que ambos dependen intrínsecamente entre sí, se entenderá por qué esta élite necesita generar dictaduras para mantener sus intereses plenamente activos. Igualmente les sirve, y esto es todavía más importante, para forzar una mayor cohesión de la ciudadanía y por ende una mayor productividad ante la amenaza de un supuesto enemigo, dándose las condiciones ideales para justificar -con la benevolente excusa de la protección al ciudadano- restricciones jurídicas o de derecho, reforzándose así los programas de control hacia la población sin perder por ello la apariencia de libertad, aunque esta libertad ya prácticamente no exista ni siquiera como ilusión. Digamos que la democracia necesita del poli malo para generar un "sano" estrés emocional en el ciudadano que permita extraer lo máximo de él. Tesis + antítesis = síntesis.

  
  

Lo extraordinario de todo esto no es que exista una cúpula del poder que intente implícitamente mantenernos bien sumisos y controlados, pues esto es algo que lleva haciéndose al máximo nivel desde los inicios de la revolución industrial. Lo realmente asombroso es que actualmente, con toda la información que contamos en Internet, apenas se generen revueltas o manifestaciones ciudadanas ante lo que está sucediendo. Y no hablo solo de las estelas químicas sino de todos esos atentados de falsa bandera donde descaradamente se utilizan a los mismos actores para interpretar a víctimas o a testigos en diferentes  escenarios terroristas, como así se ha podido demostrar en múltiples fotos y grabaciones; por no hablar de una clarísima simbología y numerología relacionada con la alta masonería y la cábala que se repite en cada uno de estos atentados o masacres. Ahí tenemos el famoso atentado del 11-S del 2001, donde la corresponsal Jane Standley anuncia en directo desde la BBC la caída del edificio Salomon Brothers (WCT 7) 23 minutos antes de que colapsara, estando el edificio claramente visible detrás de ella. Este flagrante desprecio hacia el ciudadano, este insulto a la inteligencia humana es una clara muestra de su repugnante sadismo. No es que sean unos chapuceros, pues presupuesto no les falta para pagar a más actores y no dejar tantas pistas y evidencias al descubierto, más bien se aseguran una sólida coartada ante ciertas fuerzas del universo, aunque resulte contradictorio. De esta manera pueden justificarse alegando que en cada uno de sus sacrificios masivos han dejado, de manera implícita, suficientes pruebas o evidencias de la auténtica verdad, por lo cual se eximen de la acusación universal de actuar con ocultación. Quizá por ello permiten que todas esas esclavas MK-Ultras como Cathy O´Brien o Brice Taylor revelen al mundo algunas de sus atrocidades. Quizá incluso lo hayan ideado, pues de lo contrario jamás permitirían semejante osadía. Hay que entender que esta élite del poder es profundamente ritualista, iniciática. Ellos mismos se denominan satánicos y luciferinos, realizando algunos de sus rituales "más suaves" en escenarios ya conocidos como el Bohemian Grove. Igualmente se consideran trabajadores del mal, aunque también creen en la necesaria existencia del bien. Digamos que ellos justifican su perversidad afirmando que el mal es la necesaria dualidad del bien; y aunque no les falta algo de razón en este punto, no han comprendido que el mal es simplemente la ignorancia del bien, ya sea por desconocimiento, comodidad o indolencia, y que de ninguna manera se ha de ejercer el mal intencionadamente o como justificación de esta dualidad. Se podría decir que son la peor de todas las sectas que hayan existido, pues a fin de convertir a sus futuros sucesores en perfectos psicópatas, en parásitos energéticos de la civilización humana, han de someterlos desde que nacen a una dura programación mental disociativa mediante traumas cada vez más extremos e inhumanos donde es habitual el abuso sexual y el sacrificio de niños raptados por parte de otros niños iniciados, como muy bien ha explicado el ya mencionado ex-illuminati Svali Waldrop y el investigador Fritz Springmaier. Solo así se le puede borrar a un ser humano todo rastro de humanidad o sentido común. El adulto que ha pasado por este tipo de programación mediante trauma, que ha sido forzado a fragmentarse en diferentes personalidades compartimentadas, se convierte en la máquina "perfecta" para ocupar un puesto de privilegio en la alta jerarquía y planificar, por ejemplo, un atentado de falsa bandera con cientos o miles de víctimas.  

Paradójicamente también creen en la existencia del karma, por lo que, según ellos, necesitan seguir unos principios muy estrictos para así evitar grandes contratiempos o desarreglos en las leyes universales. Básicamente estos principios permiten, según su aberrante interpretación, asesinar o sacrificar ritualmente a cualquier persona que haya pertenecido o se haya criado en una de sus logias o agencias de inteligencia, habiendo realizado previamente un juramento de fidelidad o confidencialidad de por vida. Y aquí se engloba toda una serie de "técnicos de mantenimiento" de primer y segundo nivel tan diversos como políticos, jueces, banqueros, financieros, y ciertos científicos, militares, policías, religiosos, periodistas, actores de cine, cantantes, etc., donde, de vez en cuando, son invitados a participar en rituales de sexo y sangre a fin de reforzar sus pactos de silencio, siendo habitual el asesinato de niños. Lógicamente solo captarán a los que hayan dado pruebas de una ambición desmedida y una cierta psicopatía. Al principio solo serán orgías con muchachas/os de 17 o 18 años. Más adelante, con chicas/os más jóvenes; y así gradualmente hasta finalizar con niñas/os. Si al principio el captado da muestras de incomodidad o declara abiertamente su rechazo a tales prácticas, será rápidamente apartado de la logia y se le mostrarán vídeos donde ha sido grabado realizando actos inconvenientes con menores. Se le instará a guardar silencio bajo la amenaza de ser desprestigiado con la divulgación pública de esos vídeos, lo que conllevará la destrucción de su reputación, de su empleo y una buena temporada en prisión. Si el captado, en cambio, no da muestras de incomodidad y realmente disfruta de esas prácticas, se le mantendrá en la logia pero se le hará saber igualmente que, en caso de hablar demasiado, será públicamente destruido o asesinado.

Pero no pueden por ley universal hacer esto mismo con el profano, el ciudadano común, alguien que no haya pertenecido a la logia, si bien es cierto que muchas veces tratarán de presionarlo o amenazarlo si actúa en contra de sus intereses o consigue comprometerlos de alguna manera. Pero  bien saben que no deben asesinarlo. (Parece que esto lo han aprendido por las malas porque la mayoría de estos satánicos no gozan de un buen karma que digamos, y muy seguidamente suelen sufrir accidentes o trágicas muertes.) Así pues, aquel que quiera ascender en la jerarquía del poder deberá involucrarse en sórdidos rituales de sexo y mancharse de sangre inocente a fin ser aceptado. De esta manera la cúpula del poder se garantiza que ninguno de sus "técnicos" se vaya de la lengua, ya que todos han sido grabados sin saberlo. Si cae uno, caen todos.




Esto es mucho más habitual de lo que se piensa, y hay numerosas redes de prostitución infantil utilizadas por altos cargos del gobierno y la banca para protegerse entre sí, como así cuentan algunas MK-Ultras. Puesto que ellos manejan a la policía (y altos cargos de la misma también están manchados), es fácil entender por qué estos hechos apenas salen a la luz. Y si alguna vez se encuentra el cuerpo de alguno de estos niños, le echarán el muerto a cualquier robaperas dispuesto a aceptar un jugoso adelanto económico a cambio de veinte años de cárcel, o bien a cambio de una fuga con modificación de la identidad, como así ocurrió en España con el caso de las niñas de Alcacer y el bar España. Mucha de esta información que estoy desvelando procede de canales de información alternativa muy minoritarios que han sido repetidamente presionados o censurados por su contenido. No estamos hablando de cuatro frikis con mucho tiempo libre sino de expertos muy competentes que están arriesgando su vida por desvelar algunos de estos hechos, como por ejemplo el periodista y criminalista Juan Ignacio Blanco, el mayor investigador del crimen de las niñas de Alcacer.

No sorprende, por tanto, que todos los presidentes norteamericanos hayan estado vinculados a una de estas logias masónicas-satánicas, pues no es posible acceder a los primeros puestos de la política si no es bajo previa iniciación. Oficialmente se conoce una larga lista de políticos internacionales vinculados a las treinta principales logias mundiales. ¿Acaso esta élite se va a arriesgar a que cualquier político con afán de protagonismo les arruine el negocio? Prácticamente todos los "gobernantes" políticos del planeta, sean cristianos, judíos, musulmanes y comunistas, han de pertenecer a una de estas logias satánicas elitistas, incluidos aquellos esclavos MK-Ultra que han sido contratados por la CIA para trabajar en esa gran productora de cine llamada Isis. No pocos investigadores o masones como Gioele Magaldi afirman que el propio Bin Laden era un alto iniciado cuya misión era interpretar al primer gran villano del siglo XXI, y que actualmente disfruta de una "merecida" jubilación en alguna exótica isla del Caribe.  

Es importante entender que el mundo funciona más bien al contrario de lo que nos han contado. El sistema político, judicial, policial y militar está básicamente para proteger o defender a la élite. El sistema bancario, el narcotráfico y la industria armamentística están básicamente para financiar a la élite. Y el sistema sanitario está básicamente para obedecer a las farmacéuticas, financiadas por la élite. Así mismo la religión y el sistema educativo no son más que herramientas para controlar psicológicamente a los ciudadanos, de la misma menara que las grandes ONG y sus siniestras campañas de vacunación no son más que herramientas eugenésicas para el control de la natalidad o la "sostenibilidad" de la enfermedad, pues es evidente que la buena salud no enriquece a las farmacéuticas y por ende al sistema sanitario (la tercera fábrica de dinero detrás del armamento y el narcotráfico). El catolicismo romano es fundamentalmente satánico y dirigido por la orden militar de los jesuitas, herederos de los templarios y principales asesores de los illuminati. No es casualidad que el papa Francisco presentara su agenda 2030 bajo el lema "Desarrollo sostenible", dos bonitas palabras que esconden muy oscuras intenciones. A veces, solo a veces, el sistema político, policial, judicial, sanitario y humanitario protege, defiende y cura a los ciudadanos. Pero solo a veces. ¿Qué otra cosa son los tratados contra el calentamiento global sino una estrategia para destinar ingentes cantidades de dinero en proyectos HAARP y en fumigaciones globales para así acelerar el cambio climático? Ordo ab chao, orden desde el caos.




Toda la estructura social con sus diferentes sistemas económicos, políticos, militares y religiosos, están entretejidos en una trama piramidal donde la base funciona siempre bajo la falsa apariencia del bien y el progreso, de tal manera que cuanto más se va subiendo en los escalafones de esta estructura, más confusa se vuelve la línea entre el bien y el mal, hasta finalmente alcanzar la absoluta perversión. ¿Sorprende acaso que las realezas europeas como los Habsburgo y los Borbón estén vinculadas con las mafias criminales de Europa del este y Rusia?  Este ingenuo desconocimiento de los que se encuentran en la base permite a los de arriba controlarlos y explotarlos con total eficacia. Así, por ejemplo, muy poco tiene que ver el ingenuo y bien intencionado cura de pueblo con un obispo o un cardenal, o bien el masón de una logia pública que el iniciado de una logia secreta directamente vinculada a la élite. Afortunadamente cada vez somos más personas las que estamos despertando y reaccionando de manera inversa a lo esperado. Y aunque difícilmente podamos mejorar el sistema, sí podemos mejorarnos a nosotros mismos.


    


Divide et impera

Existe un principio talmúdico que más o menos afirma que si tú le muestras tus planes diabólicos al adversario, aunque éste no los entienda, te liberas de tu karma espiritual. Es evidente que esta élite de psicópatas se ha servido de este principio para controlar y manipular a la población, mostrando sus intenciones de manera implícita pero visible, sin necesidad de revelar explícitamente las verdaderas intenciones, como bien explica el investigador Pedro Bustamante. Así pues, cada noticia fabricada para los mass media llevará sutilmente consigo un muestrario muy característico de simbología iniciática, ya sea cabalística, masónica, astrológica, etc. Así mismo, algunos de estos símbolos como el cornuto satánico y el triángulo illuminati, serán mostrados públicamente por conocidos técnicos de mantenimiento como actores, cantantes, políticos o líderes religiosos como el ya mencionado papa Francisco, dejando entrever que todos están en el ajo y forman parte de la logia (incluidos aquellos ingenuos profanos que por una simple cuestión de idolatría, moda o estética imitan esos mismos símbolos y mudras). Lo cual les permite alegar: "Si el ciudadano común no es capaz de percatarse de lo que estamos haciendo, si es tan ciego como para mirar al cielo y no ver que lo estamos fumigando de manera tan evidente, es que es demasiado estúpido como para saber gobernarse por sí mismo, por lo cual nos reservamos el derecho de gobernarlo nosotros. Y si es capaz de sospechar y aun así se abstiene de protestar ni denunciar es, o bien porque no le importa ser fumigado o bien porque no siente deseos de manifestarse, con lo cual es cómplice de nuestras acciones y está de nuestra parte, pues el que calla, otorga". ¿Se entiende por qué algunos atentados de falsa bandera están hechos de manera tan chapucera, lleno de actores testigos que se contradicen? ¿De "víctimas" que desaparecen y vuelven a aparecer en diferentes lugares de la escena del crimen? ¿De camilleros que trasladan a heridos en dirección contraria a la ambulancia? ¿De "muertos" que ni siquiera saben estar muertos más de cinco segundos? No es que no tengan medios para hacerlo mejor, es que literalmente nos ponen a prueba riéndose de nosotros, lo que a su vez les sirve de confirmación para seguir explotándonos, confundiéndonos, enfrentándonos. Divide et impera.




Pero no estamos hablando solo de un enfrentamiento entre seres humanos sino entre sexos, que es mucho más grave. Bien saben que es ahí donde pueden hacer realidad sus más ambiciosos objetivos. En su aberrante proyecto satánico para el control absoluto de la humanidad está la destrucción de la familia y la reproducción biológica como los últimos requisitos para llevar a cabo la solución final: la transhumanización. Es decir convertir al ser humano en un individuo infértil sin identidad sexual, un mero producto de fábrica listo para ser consumido por estos psicópatas (esto es algo que ya podemos ver a través de la política y la industria del cine y la música, donde utilizan a transexuales encubiertos a fin de influir en el inconsciente colectivo y normalizar la transexualización). Independientemente de si este proyecto lo iniciaron hace milenios o en estos últimos tiempos, está claro que son muy conscientes de la vulnerabilidad del ser humano frente a la tecnología. Aprovechando la progresiva incapacidad productiva del trabajador asalariado ante las máquinas y las inteligencias artificiales, cada vez más inteligentes y multidisciplinares, cada vez más capacitadas y eficientes para suplir al humano en muchas de sus competencias, están haciendo todo lo posible por acelerar esta infrahumanización sirviéndose de modelos ideológicos bien vistos y aceptados por la sociedad como es el concepto de la libertad, la igualdad y el feminismo, pero llevándolos a su paroxismo, a su antítesis. Así pues, ya no se trata de un feminismo progresivo y reivindicativo en el mejor sentido de la palabra, ya no se trata de un movimiento sufragista como el originado en el siglo XIX y XX, y cuya finalidad era la activa participación de la mujer en la sociedad, su derecho al voto, su colaboración en los asuntos administrativos, etc., sino de una ideología totalitaria de género que trata de pasar por feminista y cuyo fin es la liberación sexual en su contexto más literal, es decir la liberación de la propia naturaleza biológica. Liberación reproductiva, maternal, familiar... Liberación de la figura masculina como dualidad complementaria y trascendente. Liberación del clan, del saber ancestral de los antepasados: de las abuelas y los abuelos como importantes educadores y guías de las nuevas generaciones. Liberación de la identidad no solo sexual sino existencial, ontológica, vital. Una ideología de género profundamente antifeminista que atenta contra la naturaleza misma de la mujer y de su sagrado poder para crear vida y perpetuarla.



 

¿Se entiende por qué se habla tanto de violencia machista? Puesto que esta élite maneja los medios de comunicación, necesita escenificar toda esta ideología totalitaria a través de sutiles programas de ingeniería social que presentan a las mujeres como las eternas víctimas de los hombres, de tal manera que la violencia deja de tener un contexto generalizado, rodeado de múltiples causas y capas, para personificarse en la figura masculina como el núcleo generador de toda violencia, mostrando diariamente a los hombres como asesinos y maltratadores de las mujeres pero ocultando la otra cara de la moneda: los múltiples casos de hombres maltratados y asesinados por sus parejas, y que misteriosamente dejaron de ser publicados en algunos países como España a partir del 2006, rondando por entonces el 35% de muertes de hombres autóctonos en violencia doméstica frente al 65% de mujeres autóctonas según datos del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales e Igualdad (sin contar en este índice a personas extranjeras, tal y como hacen algunos países europeos como Alemania). Igualmente no se dirá que el 80% de las miles de denuncias sobre maltrato de este país son falsas o sobreseídas según fuentes del Consejo General del Poder Judicial del 2004 al 2015, pero lógicamente esto no se va a decir en los grandes medios de masas. Ni tampoco se hablará de la feroz competencia de las comunidades autónomas para alcanzar el mayor número de denuncias en su territorio, y así tocar a más dinero en el reparto que el Ministerio de Asuntos Sociales hace del Fondo Social Europeo: 24.000 millones de euros hasta el año 2012, según datos de The European Institute for Gender Equality (EIGE). Esta salvaje cifra de un millón y medio de denuncias en una década no hubiera sido posible sin la ayuda del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), que en el gobierno de Zapatero modificó el código penal español, trastocando así todos los principios de causalidad en el derecho penal, presunción de inocencia y garantías procesales. 

España ha creado un mecanismo legal y mediático con fondos europeos que alienta la interposición masiva y sistemática de denuncias por violencia de género, mayoritariamente en los procesos de separación y divorcio, vinculadas a la percepción de una serie de partidas económicas europeas, privilegios económicos y prebendas de diversa índole, pues cada denuncia tiene un coste medio de 3000 euros entre abogados, servicios sociales, asociaciones y partidos políticos. Es lo que se ha venido a llamar la Industria del Maltrato. Paradójicamente este bello país posee uno de los niveles más bajos de "violencia de género" autóctona del mundo. Toda esta situación no hace sino agudizar esta fragmentación psicológica de la sociedad y agigantar un conflicto anteriormente estable y minoritario, provocando una sensación generalizada de inseguridad, de miedo, de paranoia, y que nos está llevando a una delirante guerra de sexos. 




Ahora el hombre ya no es el compañero, la complementación de la mujer sino el enemigo, el eterno verdugo, lo cual también sirve para crearle un sentimiento de infravaloración y culpabilidad. Es esta escisión artificial y psicopática de las relaciones humanas lo que está generando la desnaturalización de los sexos llevándonos a la androginia, y no la libertad, la igualdad y la democracia como se nos quiere hacer creer. Una vez eliminada esta complementación de los sexos, el hombre necesitará feminizarse y la mujer masculinizarse a fin de encontrarse ambos con su otra "mitad", extinguiendo así su propia identidad y sexualidad, lo que a su vez conllevará más división, que es lo que estamos viendo hoy día con la invasiva profusión mediática del movimiento LGBT y la transexualización, que lejos de ser una liberación sexual productiva y enriquecedora es, en muchos casos, una búsqueda infructuosa de la identidad. A fin de preparar la llegada del transhumano e influir en el inconsciente colectivo, existe toda una campaña de transexualización encubierta que engloba a la industria del cine, de la música y la política. Esta indisimulada y brutal campaña de criminalización hacia el hombre, donde diariamente es mostrado en los noticiarios como un pródigo e incansable depredador asesino, genera consciente e inconscientemente en las mujeres un sentimiento visceral de rechazo hacia éste, relegándose la figura masculina a una mero material reproductivo de laboratorio, un banco de semen con una sucinta lista de sus peculiaridades,  pues cada vez más mujeres apostarán por la inseminación artificial como método de planificación familiar. ¿Acaso sorprende que la fertilidad del varón esté descendiendo porcentualmente cada año? Quizá no se deba solo a la intensa radiación electromagnética ya mencionada, ni a los pulsos de alta frecuencia del HAARP ni a los numerosos químicos industriales a los que estamos expuestos, sino también como respuesta biológica a esta desnaturalización de las relaciones humanas cada vez más fragmentadas e improductivas.

Hay que tener en cuenta además que cuanto más se hable en los medios de un determinado fenómeno, ya sea la violencia de género, la pedofilia o el incesto infantil, más real y cotidiano se volverá el fenómeno y más se normalizará, lo que llevará a mucha gente a pensar: "Si esto lo hacen tantas personas, si es tan cotidiano y sistemático incluso en el seno de la Iglesia, no debe ser tan malo". De tal manera que la información que pretende denunciar estos hechos se convierte solapadamente en publicista y encubridora de esos mismos hechos. Una pérfida estrategia sin duda muy utilizada por la élite, como bien se puede comprobar a diario.




Esta demolición controlada de la familia y la reproducción biológica conllevará necesariamente la demolición controlada de las religiones institucionalizadas, que si bien en su origen fueron necesarias para controlar las mentes de las personas, para fomentar la cohesión cultural y la natalidad, acelerando así la expansión territorial, comercial, colonial, agraria, mercantil, militar, industrial, etc., ya no serán necesarias precisamente por alcanzar y superar tales objetivos, y que actualmente ralentizan y obstaculizan sus planes satánicos de infertilidad y programación mental dura. Puesto que ya está todo conquistado y la mano de obra humana no es tan necesaria, siendo sustituida cada vez más por la tecnología, es muy posible que próximamnete veamos grandes escándalos de corrupción y pedofilia relacionados con altos cargos de la Iglesia, de la misma manera que seguiremos viendo a actores psicópatas interpretando a talibanes o terroristas islámicos. La finalidad de esta élite sería terminar con la credibilidad de las religiones que ellos mismos crearon hace miles de años, induciendo a la desmotivación, a la falta de valores familiares y a la violencia generalizada. Pero no solo es terminar con la religión sino sobre todo con cualquier forma de trascendencia que permita al ser humano salirse de los márgenes mentales y espirituales impuestos, de tal manera que las llamadas terapias alternativas como la homeopatía, el reiki, la reconexión, la meditación, etc., serán progresivamente vetadas,  ridiculizadas y etiquetadas de estafa, algo que ya estamos empezando a ver. Una vez se elimine todo sentido de trascendencia en el ser humano, una vez sea obligatoria la implantación cerebral de microchips a la población bajo la justificación del control de la violencia o el terrorismo, se habrá despejado el camino hacia la transhumanización. La trascendencia se sustituirá o bien por una religión del materialismo, de la realidad virtual, o bien por la involución espiritual. Es decir, que en vez de existir una espiritualidad ascendente y expansiva, será descendiente y reductiva, enfocada únicamente en el bajo astral, en la ilusoria acumulación de poder por parte de irrisorias entidades demoníacas. Seguidamente demolerán el sistema político mediante casos masivos de corrupción y escándalos sexuales, pues ya no necesitarán a sus buenos servidores e intermediaros que son los políticos para introducirse en las mentes de los ciudadanos y ordenarles implícita o explícitamente lo que han de hacer y pensar, algo que ya describió detalladamente el alto masón Aldous Huxley en su novela "Un mundo feliz".




Paradójicamente, esta élite del poder también está inmersa en sus propias teorías conspirativas, defensores acérrimos de un linaje sagrado cuya historia no es menos descabellada que las novelas de reptilianos y annunakis con las que alimentan a los conspiranoicos de abajo. Son como facciones de poder que intentan desgastarse unas a otras utilizando los medios de comunicación como su patio de recreo, y al ingenuo ciudadano común como carne de cañón. Al final todas las teorías conspirativas son como una gigantesca muñeca matrioska donde cada conspiración está dentro de otra conspiración aún más grande que a su vez está dentro de otra conspiración aún más grande que a su vez...      



El ser humano como mercancía

Este fenómeno de la transhumanización ya es palpable hoy día en muchos campos sociales como el deporte, donde el espíritu unificador de la competitividad se ha sustituido por la obsesividad del máximo rendimiento, por la elaboración serial de superhumanos de laboratorio cuyo único fin es la búsqueda de sus límites genéticos, y no la deportividad. Ahí tenemos a numerosos deportistas como los nadadores de élite durmiendo diez horas diarias en cámaras de oxígeno, inyectándose, dopándose "legalmente" con todo un arsenal de drogas experimentales que serían la envidia de muchos politoxicómanos callejeros. Fijémonos en el culturismo profesional. Los cuerpos de los competidores parecen haber reventado repetidamente por dentro, dando como resultado una grave elefantiasis con retorcidas varices y mastodónticas barrigas ejercitadas en alguna taberna. Ya no son humanos sino engendros, monstruos de laboratorio, esperpénticos animales de feria. El epítome de la belleza apolínea, de la muscularidad armoniosa y bien proporcionada, que era la finalidad original de este deporte, se ha sustituido por una espectacular destrucción de los límites humanos, pero no en un sentido ascendente y de superación sino más bien negativo, degradante, grotesco. Este claro ejemplo de la mercantilización humana puede verse en otras facetas sociales donde el individuo se presenta cada vez más como un llamativo producto de márquetin. Ahí tenemos todos esos realities buscatalentos como La Voz Kid, en España, donde los niños son mostrados como fascinantes réplicas de adultos en miniatura, contaminados con sus mismas neurosis y obsesiones, con sus mismos anhelos de venderse y hacerse notar. Por eso fascinan tanto, porque ya no se comportan como niños sino como adultos miniaturizados y enternecedores, y que sirven de analgésico al espectador para mitigar su profunda repugnancia a la raza humana. Así el niño pasa a convertirse en un hechizante producto de márquetin diseñado por el adulto, incapaz este último de mirarse con benevolencia sino es a través de la mirada "inocente" del niño.

De la misma manera que los alimentos dejaron de ser, en la primera década de este siglo, un derecho universal inviolable a convertirse en un simple valor bursátil, encareciéndose cientos de veces el precio de las semillas y llevando a la miseria, a la inanición y al suicidio a millones de personas en países en desarrollo, el ser humano está igualmente en proceso de convertirse en un simple valor bursátil y mercantil al servicio de multinacionales privadas. Esto está ocurriendo muy claramente a nivel global con la masiva privatización de servicios sociales que hasta hace poco eran públicos, como por ejemplo las instituciones penitenciarias o "correccionales", gestionadas la mayoría por grandes empresas privadas donde los presidiarios no son más que meros productos mercantiles muy rentables, de ahí que estemos viendo un alarmante aumento de los presos y las condenas, pues cuanto más tiempo permanezcan estos presos recluidos, más dinero de los contribuyentes irá a parar a la cuenta bancaria de estas empresas explotadoras, que muy poco les importa o les conviene los programas de reinserción social. No es de extrañar que en EEUU haya tantos consejeros de Wall Street  recomendando a los ciudadanos comprar acciones de compañías de prisiones privadas como CCA y GEO. Ni tampoco sorprende que la tasa de presidiarios en estos centros privados haya aumentado un 350 % en 2013 mientras la tasa total de presidiarios en el país haya aumentado un 50%, como así cuenta Laura Zamariego en su impactante artículo "Se buscan presos". Con independencia de que la criminalidad baje o no, cada prisión privada cuenta con un contrato del Estado que le asegura un número de ocupantes en sus instalaciones. Un negocio redondo. Este desmantelamiento masivo de las instituciones públicas hacia las instituciones privadas es una claro factor de la mercantilización del ser humano, donde los derechos y valores universales se convierten en simples valores de mercado.

Otro ejemplo aún más grave de esta mercantilización humana es lo que está ocurriendo en algunos países supuestamente desarrollados como España con los centros de menores, donde existe toda una red de trata de blancas legalizada y auspiciada por el Estado, y que permite arrebatar a los niños de sus padres sin necesidad de que lo ordene un juez. Los datos oficiales hablan de cerca de 40.000 niños tutelados en todo el Estado en 2016. Muchos de los casos son familias económicamente vulnerables por los estragos de la crisis. Cuando van a pedir ayuda a los servicios sociales, en vez de ayudar les quitan a los menores. "Están convirtiendo situaciones de riesgo en desamparo de facto. Y no es lo mismo, porque desamparo es maltrato físico y psicológico grave. Y por situaciones de riesgo, a menudo parciales, están retirando a los niños. ¡Y las madres no están condenadas de nada! Creemos que se están faltando los más elementales derechos humanos", sostienen desde los servicios jurídicos de La Marea, una asociación de protección al menor. Más del 90% de estos centros de menores están privatizados en manos de empresas, fundaciones y cooperativas generalmente dependientes de bancos o multinacionales. Cada niño tutelado supone para sus gestores una inyección de 4000 euros al mes y 45.000 euros al año, siendo evidente que solo una mínima parte de ese dinero irá destinado a donde debería ir. Estamos hablando de una red que mueve miles de millones de euros anuales, un negocio  muy rentable que se sostiene con el horror de las víctimas. En el momento en que Servicios Sociales deciden que hay que retirar a un menor, sin necesidad de que lo diga un juez, la Fiscalía de Menores lo firma a posteriori sin contrastar la veracidad del informe que le ponen delante. A partir de ese momento, los padres tienen dos meses para recurrirlo. Ahí es donde empieza una batalla legal con pocas garantías de éxito. Algunos lograrán recuperar a sus hijos aunque para ello pierdan a veces años en los tribunales; otros pequeños acabarán siendo adoptados.




Estos centros semiabiertos y cerrados forman parte de una estructura obsoleta y antipedagógica que mantiene la siniestra existencia del hospicio. Allí los niños han de seguir una metodología carcelaria donde muchos de ellos viven en condiciones infrahumanas, sistemáticamente maltratados, abusados, drogados y atados. El solo hecho de ingresar en el centro los obliga a ser psiquiatrizados y a tomar psicofármacos con mucha asiduidad. Es sabido por los profesionales de ayuda a la infancia que los jóvenes que salen de estos centros arrastran daños psicológicos de por vida como baja autoestima, ansiedad, depresión crónica, conductas hiperactivas y problemas de socialización que pueden conllevar a la drogodependencia, al alcoholismo y al suicidio. Algunos centros como O’Belén, Dianova, la Fundación Grupo Norte, Picón del Jarama y El Patriarca (denunciada esta última como secta) acumulan múltiples denuncias de malos tratos y vejaciones, algunas de las cuales motivaron que el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas se dirigiera al Estado español para transmitir su preocupación por los protocolos de medicación, las medidas de aislamiento practicadas y falta de transparencia. Otros como Sansoheta, un centro de régimen semiabierto de Álava, ha sido directamente desmantelado por trafico de drogas y prostitución de menores. Paradójicamente este centro había sido premiado pocos meses antes por la asociación de psiquiatría vasconavarra. Y estos casos podrían ser solo la punta del iceberg. No es ninguna exageración afirmar que todo esto es un crimen de Estado silenciado por los medios de comunicación. No estamos hablando de menores maltratados o en situación de abandono, en cuyo caso su tutela estatal estaría justificada, sino de una situación familiar de penuria económica por desgracia muy común hoy en día. Y esto le puede tocar a cualquiera. Es tan surrealista y esperpéntico que cuesta de asimilar. Si solo una cuarta parte de esos 4000 euros mencionados fueran destinados a ayudar a estas familias, junto a un programa de orientación laboral, el problema se resolvería en seguida. Lógicamente el Estado no puede alegar que lo hace por el bien de los niños, porque si así fuera pondría recursos para que las familias se hicieran cargo de ellos. Estamos hablando de niños arrancados literalmente de los brazos de sus madres, y que en muchos casos no superan los dos años de edad. Algunas asociaciones jurídicas para la defensa del menor como Anprodefa y Aprodeme llevan años denunciando la escasa supervisión que la Administración hace de estas entidades, donde muchos de sus trabajadores no están titulados ni cualificados, y donde ya se han producido varios suicidios de jóvenes. “La Administración entiende que si sus padres no tienen recursos para cuidarle el pequeño está “en riesgo” y prefieren tener a ese niño lejos de su hogar en lugar de ayudar a su familia y aportarle recursos para mantenerle -asegura Francisco Cárdenas-. El sistema no ha cambiado. Hace años era una religiosa o un cura el que decidía si una mujer era apta o no para cuidar a su hijo, ahora es un técnico de una Consejería que no conoce a esa familia, que hace un test y una entrevista y decide si te quitan o no al pequeño. Los menores son cifras y cuanto mayor es el número, mayor es la dotación económica que reciben”. Desde Aprodeme su presidente asegura que está aconsejando "desgraciadamente" a muchos padres que no acudan a los servicios sociales a pedir ayuda, salvo que lo hagan con un buen abogado.

Y a
ún más grave es lo que está ocurriendo en algunos países en guerra como Siria, donde miles de niños son raptados por mafias internacionales que aprovechan la situación de caos para pasar desapercibidos, generándose un mercado muy rentable de prostitución infantil y tráfico de órganos. Cuanto más joven es el niño, más se cotizan sus órganos, llegando a alcanzarse hasta veinte mil dólares el riñón en los países occidentales. No me extrañaría nada que uno de los motivos principales para hacer guerras tenga que ver con este lucrativo mercado manejado por la élite.    

Todo esto es una clara muestra de la progresiva mercantilización del ser humano. Una vez seamos laboralmente innecesarios e infértiles, una vez las corporaciones se reserven el derecho de fabricar niños en vientres artificiales para su posterior explotación, nos convertiremos en un mero producto manufacturado de usar y tirar, sin derechos de ningún tipo, sin posibilidad de regenerarnos biológicamente por nuestros propios medios. Una vez seamos clonados a imagen y semejanza de esta élite de psicópatas, nos convertiremos en sus perfectos esclavos y donantes, o bien en simples juguetes sexuales.




Afortunadamente, como ya dije antes, se sabe que esta élite está dividida en facciones enfrentadas entre sí desde hace siglos, lo cual es de esperar en individuos tan absolutamente disfuncionales. Esta guerra interna de desgaste hace posible que su incidencia manipuladora hacia la población sea menos eficaz, dejando entrever algunas de sus debilidades. De hecho en muchas de sus prefabricadas noticias para los medios, en muchos de sus cuentos seriales y películas hollywoodienses, pueden verse los claros signos de esta confrontación silenciosa, y que cualquier profano con una cierta información iniciática puede desentrañar por encima.



El negocio de la enfermedad

Pero ¿qué culpa tiene el ciudadano común de ignorar todo lo que está ocurriendo si ha sido mentalmente fragmentado desde la infancia, educado precisamente para ignorarlo, para confiar en la farsa de la bienintencionada democracia y el Estado de Derecho? También yo estuve mucho tiempo ciego ante tales evidencias. No fue hasta hace unos pocos años cuando, tras leer un artículo, empecé a fijarme en esas "preciosas" estelas blancas que atraviesan los cielos desde hace un par de décadas. Tras unos días informándome en las redes, empecé a realizar investigación de campo por mi cuenta, confirmando la mayoría de las aberraciones descritas por numerosos testigos. Un fenómeno que ya ha sido denunciado por expertos de muy diversas áreas como biólogos, astrofísicos, meteorólogos, periodistas y pilotos militares y civiles como Loretta Polgrossi o Harold Walker. Repetidos análisis de la composición de estas estelas revelan una larga lista de sustancias nocivas para la salud como partículas de polvo de aluminio, bario, boro, cromo, litio, arsénico, estroncio, diversos tipos de polímeros y, de vez en cuando, diversos tipos de virus y bacterias artificialmente modificadas, entre otras muchas cosas. No parece casualidad el drástico aumento de nuevas enfermedades humanas en las últimas décadas, o que el cáncer se haya convertido en una plaga mundial presente en una de cada tres personas adultas, lo que a su vez enriquece el emporio de las aseguradoras médicas y las farmacéuticas, cuya finalidad no es curar sino "cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre", como así afirmó el premio Nobel de medicina Richard J. Roberts en el periódico La Vanguardia. Está claro que al sistema le conviene tenernos bien enfermos y endeudados. Y eso por no hablar del gran fraude multibillonario de los tratamientos de quimioterapia y radioterapia, ya que paradójicamente son cancerígenos y solo consiguen enfermar "un poco más" al paciente, como así se ha demostrado. De hecho, uno de los pocos estudios que comparó pacientes que recibían tratamiento oncológico convencional con pacientes que no recibían ningún tratamiento fue dirigido por el Dr. Hardin Jones, profesor de física y fisiología médicas en la Universidad de california. Ante un panel de la Sociedad Norteamericana del Cáncer, dijo: "Mis estudios han demostrado de manera concluyente que los pacientes que no reciben ningún tratamiento viven de hecho hasta cuatro veces más que los que sí lo reciben". Igualmente se sabe que no es el supuesto virus VIH lo que mató a tanta gente en la década de los 80 y 90 sino el famoso y potencialmente mortal antirretroviral ATZ, que sumado al terrible diagnóstico de la enfermedad producía en la víctima un chock emocional y una caída de su respuesta inmunológica. No es de extrañar que el doctor Hamer, creador de la Medicina Germánica, fuera encarcelado 18 meses por sacar a la luz una medicina alternativa enfocada en hallar las causas emocionales de la enfermedad para así eliminarla desde la raíz.

Algo similar a las farmacéuticas han hecho las petroleras cuando alguien ha tenido a bien inventar un combustible barato, abundante y no contaminante como el agua. Ahí tenemos múltiples ejemplos como el motor de agua del filipino Daniel Dingel, que ha convertido desde 1969 más de 100 automóviles de gasolina para que funcionasen por hidrógeno derivándose simplemente del agua; o Stanley Meyer, que inventó un sistema que utilizaba agua como combustible en un motor de explosión interna convencional; o Paul Pantone, que mezclaba nafta con agua en un circuito cerrado; o Bill Williams, que en 2008 inventó un auto que funciona únicamente con agua de mar filtrada, además de una célula electrolítica capaz de cargarse por sí sola. Uno de los inventos más importantes de las últimas décadas, que bien podría solucionar la escasez de agua potable en el mundo, fue diseñado por el escritor y exprofesor de submarinismo Alberto Vazquez Figueroa: una desaladora de agua por presión natural que consigue dar agua pura a muy bajo coste además de obtener energía eléctrica en función de las necesidades puntuales de cada momento, pudiendo regularse la cantidad de agua destinada a la desalación o a la generación de energía. Evidentemente la patente fue vetada. En una convención de inventores españoles dijo: "Cuando ustedes inventen algo, no se pregunten a quién beneficia sino a quién perjudica. Del poder de aquél a quien perjudica dependerá que el invento salga adelante o no". Se puede decir más alto pero no más claro.

Retomando el hilo de las estelas químicas, no es casualidad el alarmante aumento de estos metales en nuestro organismo, siendo en algunos casos varios miles de veces superior a lo normal. ¿Es de extrañar, por lo tanto, que la bien conocida y siniestra multinacional Monsanto -que muy seguramente tiene algo que ver con todo esto- haya patentado semillas transgénicas resistentes al aluminio, entre otros engendros? ¿Estamos hablando de un ambicioso plan de geoingeniería financiado por la élite cuya meta sería el control absoluto de la alimentación mundial? Tampoco es de extrañar que en las últimas décadas hayan desaparecido en el mundo más de un 20 %  de las abejas, según indica el sector apícola, cuya polinización depende gran parte de la producción mundial de alimentos. Parece que la jugada les está saliendo redonda.










Sigo esperando a que alguien me explique cómo es posible que un día laboral de invierno de 2017, en Fuengirola, Málaga, no menos de media docena de aviones atraviesen el cielo cada diez minutos dejando tras de sí una siniestra cuadrícula blanca a lo largo y ancho del cielo, mientras al día siguiente, a la misma hora, no aparezca en toda la tarde ni un solo avión, un hecho que se repite muy habitualmente por estos lares, además de múltiples incongruencias que rompen las reglas básicas de la aviación. ¿Cómo es posible que una buena parte de estas estelas atraviesen el cielo de un extremo a otro y no desaparezcan durante horas, cuando oficialmente la propia industria de la aviación comercial afirma que estas estelas "de condensación" no poseen un diámetro superior a 4 o 5 veces la longitud de la aeronave, y que solo se producen en circunstancias muy excepcionales, desapareciendo a los pocos segundos? ¿Cómo es posible que este tipo de estelas no existieran antes de la década de los noventa del pasado siglo, si entonces se utilizaba el mismo combustible que en la actualidad? ¿Por qué habitualmente suceden cosas tan disparatadas como ver a dos aeronaves volando casi en paralelo a la misma altura, cuando las normativas del tráfico aéreo exigen un mínimo de 9´2 kilómetros de distancia entre ambas? ¿O ver dos aeronaves cruzándose y solapándose a unos cientos de metros entre sí, cuando las normativas del tráfico aéreo exigen un transcurso de 15 minutos en el punto de intersección entre aeronaves que están al mismo nivel y que siguen derrotas que se cruzan? ¿O ver extrañas maniobras como giros cerrados, cuando las normativas solo permiten algo así en casos de emergencia? ¿Estamos hablando de aeronaves militares de la OTAN surcando los cielos de todo el planeta? Todo esto me lleva a una conclusión ciertamente inquietante: si estos psicópatas son capaces de gasearnos de manera tan descarada, ¿qué no serán capaces de hacer a escondidas? Lo que está claro es que hemos pasado de la Guerra Fría a la Guerra Silenciosa. Una Tercera Guerra Mundial tan furtiva y secreta que pocos son quienes se han percatado, y sin embargo las señales son claras: no tenemos más que mirar al cielo. Esta vez las víctimas no son los habitantes de un país sino todos los habitantes del planeta. Una eugenesia mundial controlada. 

No pocas veces me he maravillado al ver la impasibilidad de la gente ante lo que acontece sobre sus cabezas, sobre todo en días en los que el cielo se ha convertido literalmente en una cuadrícula blanca. ¡Solo tienen que levantar la vista! Pero parece que sus mentes han sido programadas para ignorar este fenómeno, o más bien para no verlo. No hay más ciego que el que no quiere ver. Me recuerdan a esas personas que han sido hipnotizadas en un espectáculo televisivo para dejar de ver objetos que están frente a sus ojos, o bien para verlos de manera radicalmente diferentes. Todo esto tiene una explicación relacionada con el  trauma. Muchas personas que han vivido situaciones traumáticas en la infancia (cuando la mente es más moldeable) tienden a ignorar o rechazar en la edad adulta cualquier fenómeno que les haga cuestionarse su concepción de la realidad a fin de no revivir los antiguos traumas infantiles. Es como un mecanismo mental de supervivencia que automáticamente se activa ante cualquier fenómeno que nos retrotraiga a esa desoladora sensación de indefensión y vulnerabilidad ante el mundo o la realidad. Da igual las pruebas que les presentes respecto a las estelas químicas, de hecho cuantas más pruebas irrefutables les muestres, más se van a revolver y más van a negar el fenómeno. Lógicamente una persona que no haya sufrido estas manipulaciones y abusos tendrá una percepción más objetiva de la realidad, más la suficiente motivación de analizar sin miedos ni prejuicios esta información. Cuando los niños dependen en todo momento de lo que los padres o maestros digan, cuando son reprendidos o castigados por tener una opinión propia o tratar de ser ellos mismos, se convierten de mayores en personas sin iniciativa propia y dependientes crónicos de las autoridades políticas-religiosas como padres sustitutorios, aceptando cualquier fábula que se les diga aun yendo en contra del sentido común, y rechazando con vehemencia la realidad de los hechos o bien todo aquello que no sea defendido por dichas autoridades, como ya dije anteriormente. ¿Se entiende el ancestral sadismo de tantos curas y monjas hacia los niños? Saben que solo mediante el trauma pueden volverlos dóciles y dependientes de la autoridad, sea cual sea. Tanto las religiones como los estados (dos caras de la misma moneda) son básicamente instituciones de programación mental mediante trauma, siendo progresivamente más traumáticas cuanto más alta es la estructura piramidal social, llegando a la disociación múltiple de la personalidad en los llamados illuminatis, los psicópatas por excelencia. Solo de esta manera pueden las élites del poder manipular sin remordimientos a la población sin que ésta casi no sea consciente de nada, como bien ocurre con el fenómeno de las estelas químicas. Por fortuna siempre habrá personas valerosas capaces de confrontar sus traumas y cuestionarse la falsa realidad de los medios de comunicación oficiales.

Este envenenamiento masivo a la población, ya sea físico o mental, solo puede confrontarse haciendo exactamente lo contrario a lo esperado, como vamos a ver a continuación. 



Disidencia pasiva

Pero vayamos por partes, y empecemos con la alimentación. Puesto que el cerebro consume literalmente el 20% de lo que comemos, es evidente que todos esos químicos, pesticidas y transgénicos concentrados en los alimentos industriales no pueden ser filtrados y asimilados por el cuerpo, acumulándose en las arterias y alrededor de las células y generando en cada uno de nosotros un progresivo deterioro tanto a nivel físico como mental, ya que también daña las conexiones sinápticas de las neuronas y calcifica la glándula pineal, encargada de nuestra percepción extrasensorial. Si bien no podemos combatir frontalmente al sistema, podemos elegir no ser envenenados por el sistema: dejar de consumir. Y esto es tan sencillo como no probar su veneno. Es decir volver a lo natural: comprando alimentos ecológicos o cultivándolos nosotros mismos. Algo que yo he empezado a hacer desde hace unos pocos años con preciosos resultados, gozando de una claridad mental y vitalidad nunca antes experimentada. Aunque los alimentos ecológicos, o artesanalmente elaborados, son económicamente más caros que los alimentos industriales, para mí no ha supuesto ninguna diferencia, de hecho mis gastos se han reducido, ya que ahora doy más prioridad a la calidad que a la cantidad. Este mismo ejemplo se puede trasladar a otras áreas sociales: no podemos combatir la violencia y la desinformación de los grandes medios informativos, pero podemos elegir no ser envenenados por ellos. Y esto es tan sencillo como saber distanciarnos de la televisión o el móvil: salir más a menudo, viajar, meditar, hacer ejercicio... No podemos combatir el ruido del tráfico ni la contaminación del aire en las ciudades: el humo de los coches, las ondas electromagnéticas de las redes de comunicación, los chemtrails, etc., pero podemos desplazarnos a lugares más sanos y naturales, repoblar un pueblo abandonado, levantar un alojamiento rural..., o bien protegernos con orgonitas y cloudbusters, que podemos hacerlas nosotros mismos o comprarlas (la gran mayoría de las orgonitas que se venden por Internet están mal hechas y resultan perjudiciales, ya que contienen cobre atrapado en su interior, lo cual no permite la correcta transmutación de cationes en iones. En mi opinión, el mayor experto en habla hispana de orgonitas es Robert Lareu, de Chemtrails Galicia). Tampoco podemos combatir el industrializado y nocivo sistema escolar, pero podemos llevar a nuestros hijos a escuelas de educación libre o activa, enseñándoles, con el ejemplo, el valor de la libertad y la honestidad. Este amor y respeto hacia nosotros y nuestro entorno es el resultado de una primera toma de conciencia: el deseo de ir más allá de las bajas pasiones y asuntos vanos para enfrentarnos al maravilloso misterio de vivir, pues una vez empezamos a liberarnos de miedos y angustias la vida se vuelve una aventura inenarrable.




Hay que entender que la salud está determinada por cinco factores esenciales: la nutrición, la psique, la herencia, el electromagnetismo y la energía sutil o telúrica. La enfermedad o el desequilibrio orgánico aparece cuando uno o más de estos factores influye negativamente sobre nosotros. Si, por ejemplo, cuidamos nuestra alimentación tomando alimentos libres de químicos y transgénicos pero descuidamos la contaminación electromagnética a la que estamos habitualmente expuestos, durmiendo por ejemplo cerca de enchufes conectados, de móviles encendidos, de nuestro dispositivo wifi, de torres de tendido eléctrico o antenas de telefonía móvil, es posible que nuestra salud físico-mental termine deteriorándose tras años de recibir esta continua exposición electromagnética; más aún si estamos atravesando una situación de estrés familiar o laboral que afecte a nuestra psique. Y más todavía si tenemos la mala suerte de dormir en medio de una geopatía o zona de baja densidad energética, como por ejemplo un cruce de líneas Harman y Curry o sobre una veta de agua. Todos estos factores pueden hacer que nuestro cuerpo vibre de media a una frecuencia inferior a las 6000 UB (unidades Bovis), cuando lo ideal sería entre 7000 y 8.500 UB, como bien afirma Epifiano Alcañiz,  uno de los mayores expertos radiestesistas de la actualidad. Así, por ejemplo, una persona con cáncer puede vibrar a una frecuencia entre 4000 y 4500 UB. Otra consideración a tener en cuenta es que los microorganismos vibran en un rango de entre 3000 y 4000 UB. Una persona ya mermada energéticamente por una mala alimentación y una alta exposición electromagnética, tendrá más posibilidades de anidar virus y bacterias nocivas si una parte de su cuerpo está atravesada por una geopatía durante la noche, vibrando esta zona corporal a una frecuencia que puede ser apta para el desarrollo de estos patógenos, de la misma manera que para el desarrollo de células cancerígenas, que necesitan ambientes altamente alcalinos para multiplicarse descontroladamente. No es de extrañar que, por el contrario, existan personas con una salud relativamente buena aun fumando desmedidamente a una edad avanzada, si acaso han estado libres de altos niveles electromagnéticos, geopatías, mala alimentación, depresiones, estrés y herencias emocionales tóxicas. No es que sean superhumanos, simplemente le han permitido a su cuerpo un mayor grado de recuperación. Teniendo en cuenta todos estos factores, no es fácil estar libres de influencias perjudiciales tanto a nivel interno (psíquico, emocional) como a nivel externo. Pero, conociendo esta información, estaremos en disposición de realizar determinadas comprobaciones y tomar las medidas oportunas. Cada vez que realizamos un movimiento o generamos un pensamiento enviamos impulsos eléctricos desde el cerebro al resto del cuerpo. Está demostrado que las radiaciones electromagnéticas de carga positiva como el wifi -sin duda las más potentes y perniciosas del hogar- interfieren directamente sobre la frecuencia electro-química de nuestro cuerpo generando altos niveles de estrés celular e imposibilitando el sueño reparador, ya que nos impide alcanzar un estado REM profundo y continuo. Es por ello que tantas personas se levanten de la cama con dolor de cabeza o con la sensación de no haber dormido lo suficiente, aun durmiendo más de ocho horas. Aquel que tenga dudas sobre tales efectos perniciosos no tiene más que realizar una sencilla comprobación durmiendo por ejemplo un par de semanas con el wifi apagado. Por desgracia la radiación electromagnética de carga positiva está presente en una gran variedad de dispositivos digitales, aparatos y electrodomésticos, por lo que no es fácil estar libre de estas radiaciones. Pero existen multitud de materiales como mallas y pinturas de blindaje, telas protectoras, películas adhesivas, tomas de tierra, etc.,  que nos pueden ayudar a reducir o  neutralizar las radiaciones electromagnéticas del hogar, que pueden superar varios cientos de veces el límite recomendado. Por nuestra salud y la de los nuestros, deberíamos desconectar los enchufes y el wifi mientras dormimos, o cuanto menos taparlos con papel de aluminio corriente (la mejor información sobre este tema la he encontrado en los vídeos de Joan Carles López Sancho, experto en geobiología y radiaciones del hábitat). Con un par de cables adaptadores podemos navegar por Internet y hablar por el móvil sin necesidad de irradiarnos con esa bomba de destrucción celular que es el wifi.




Algunos alimentos naturales y biológicos como el ajo, los cítricos, las zanahorias, el cilantro, el rábano, la cúrcuma, las espinacas, etc., pueden ayudarnos a hacer frente a los radicales libres causados por estas nocivas radiaciones. También se ha demostrado que ciertas estructuras piramidales pueden transmutar los cationes o la carga positiva de las radiaciones electromagnéticas en iones, al igual que la meditación y el reiki. Tenemos suficientes medios a nuestra disposición para proteger a los nuestros y vivir en entornos relativamente saludables. Esta importante información, que en realidad debería de enseñarse en las escuelas, puede ayudarnos a elevar considerablemente nuestra calidad de vida. Lógicamente los grandes medios de desinformación, controlados por agencias privadas y multinacionales, se opondrán a ello por intereses puramente económicos. Muchos científicos al servicio de estas corporaciones seguirán publicando informes o estudios que "demuestran" la inocuidad electromagnética de las redes de comunicación, de todos nuestros dispositivos digitales, pues de conocerse la auténtica realidad al gran público es muy posible que estas multinacionales sufran un descenso de ventas y por ende una bajada de su productividad, algo impensable en esta tecno-sociedad hipercapitalista, en este consumismo desenfrenado que padecemos. No obstante, ni siquiera un estudio científico serio y neutral conseguiría un resultado óptimo y cercano a la realidad, pues aún no existen aparatos tecnológicos lo suficientemente sensibles como para detectar la influencia de la radiación electromagnética de nuestra tecnología sobre la radiación eléctrica de nuestro cuerpo, como  tampoco existen aparatos capaces de detectar las líneas de energía telúricas, y que solamente los buenos radiestesistas pueden encontrar. ¿Acaso existe y existirá una máquina más sofisticada y sensible que el cuerpo humano? 

Aprender a sanar nuestro cuerpo-mente es por lo tanto un primer paso para alcanzar la lucidez, para reactivar nuestro campo energético y despertar nuestras percepciones extrasensoriales, y para ello no se requiere de ningún talento especial, solamente valor para mirarnos de frente y romper todos esos límites mentales que nosotros mismos nos impusimos por miedo o por conveniencia. De nosotros depende despertar y tomar las riendas de nuestra vida o seguir sumergirnos en el plácido sopor del sufrimiento, de la irresponsabilidad y la inconsciencia para que así otros piensen y decidan por nosotros.     

Solo desde el desarrollo interior individual, desde la disidencia pasiva, puede crearse un auténtico avance, una masa crítica lo suficientemente grande como para que se incline la balanza y prospere el bien. Y se dará de manera sencilla y espontánea, sin guerras ni luchas de poder. Será una revolución interior colectiva.  


Claves para salir de la matrix

Una profunda dependencia a la autoridad también se manifiesta en una profunda dependencia al  sistema, sin importar su contesto. Puesto que la mente fragmentada carece de fluidez, de intuición, de  una visión panorámica de la realidad, necesita todo tipo de técnicas o metodologías para mantenerse segura y protegida en su espacio vital. Necesita dirigir tanto como ser dirigida. Por lo tanto es prácticamente incapaz de aprender un conocimiento si no es a través de una metódica disciplina. El problema de este aprendizaje es que está basado en la memorización, más que la intuición y el sentido común. La persona simplemente memoriza las directrices y soluciones de un particular conocimiento para aprender dicho conocimiento. Para la mente fragmentada la finalidad del sistema es, por lo tanto, la memorización del propio sistema, cuando en realidad debería ser un mero punto de partida a la indagación, a la intuición. Este circuito cerrado del conocimiento metodológico se vuelve inútil o inoperante ante la imprevisibilidad de un acontecimiento que no esté descrito y analizado por el propio sistema. No niego la importancia de la metodología como un esbozo de aprendizaje, pero no estoy de acuerdo en que se utilice como un fin en sí misma.  




Incluso las denominadas meditaciones trascendentales están sujetas a rígidas metodologías que no hacen sino limitar la propia meditación. ¿Acaso para pensar necesitamos respirar y estar sentados de una determinada manera? Entendamos la meditación como un estado de conciencia diáfano, receptivo: estar en paz y armonía con todo lo que nos rodea, sin tratar de diferenciarnos ni aislarnos de nada, como un sentimiento de integración con el universo. Meditar es enfocarse en el yo original, recuperar lo que inconscientemente bloqueamos en el proceso educativo, y para ello no se necesita de ninguna técnica, solo SENTIR, vivir el ahora. No es necesaria ninguna postura, mudra, mantra o técnica de respiración, la propia lucidez genera su propio ritmo respiratorio. Vivir con atención, sintiéndonos parte del Todo, no es un esfuerzo sino todo lo contrario: es una liberación. Meditar es observarnos a sí mismos con la misma distancia y lucidez con que observamos a los demás, sin tratar de exaltarnos o justificarnos. Observarnos como si fuéramos el universo, el Todo, sin identidad, sin definiciones, sin ideas preconcebidas.  El hombre civilizado sigue buscando lo sagrado como el pez que busca una gota de agua en el océano. La luz que busca en las escrituras o en los ídolos ya está en su interior como una bombilla encendida bajo una montaña de basura. No es cuestión de buscar la luz fuera, sino vaciarnos de pre-juicios para descubrirla en nuestro interior. TODOS ESTAMOS ILUMINADOS, pero la mayoría seguimos cegados por nuestros propios miedos y ciegas creencias. 

La memoria tiene dos dimensiones: pasado y futuro. La consciencia crea una tercera dimensión: el presente. Sin consciencia viviremos como autómatas repitiendo el pasado en el futuro, sin pasar nunca por el presente. Quienes están cegados por la mente fragmentada, sometidos al yo divisorio, crean inconscientemente un muro de preconcepciones o prejuicios que les impide acceder a la consciencia, a la realidad, utilizando el presente como una pantalla mental donde proyectar el pasado. De esta manera el yo divisorio puede  tomar el control identificándose con el  reflejo de la memoria, y no con la inabarcable realidad, donde pierde su razón de ser.  Es como si estas personas confundieran el reflejo de la Luna en el agua con la propia Luna. Confunden lo que fueron con lo que son, lo que hicieron con lo que hacen. Repiten los mismos pensamientos con diferentes combinaciones de palabras, las mismas acciones con diferentes movimientos.  Buscan su individualidad tratando de parecer excepcionales, cuando en verdad solo son esclavos de un falso yo impuesto por otros y que decide por ellos mismos (si bien es cierto que su yo original nunca deja de palpitar). Incluso si se sienten atraídos por la realidad, tratarán de acceder a ésta desde la memoria, de manera cuadrangular, sistemática. Quienes ven la espiritualidad como una disciplina o tarea no hacen sino  alimentar  este yo divisorio, que necesita  de la  disciplina para mantener su predominio frente al yo intuitivo y original. Otros buscarán la iluminación acumulando cada vez más conocimiento, más metodología espiritual, como si la iluminación estuviera oculta en algún rincón de ese conocimiento. Pueden pasarse media vida estudiando complejos sistemas de desarrollo personal con la justificación de buscar la verdad, cuando bien saben que todo lo que necesitan es estar en silencio. De haber tenido el valor de dar ese paso, se habrían ahorrado media vida "buscando".

También el reiki, una terapia energética muy extendida actualmente, está sujeta a  una confusa metodología de símbolos que quizá no hacen sino obstaculizar la propia terapia. Ahora bien, si el estudiante que memoriza y aplica mentalmente estos símbolos en sus clientes cree que les va a hacer un bien, es muy posible que así sea, pero no por la naturaleza mágica de los símbolos sino por el poder de su intención, que añadida a la confianza del cliente genera un efecto sanador. Yo mismo practico reiki sin necesidad de cho-ku-rei ni sei-he-kei o como se diga, no me interesa toda esa terminología japonesa. De hecho obtengo mejores resultados visualizando, por ejemplo, una espiral de luz entrando desde arriba por mi coronilla hasta inundar todo mi cuerpo. ¿Acaso hay poder mayor que la imaginación? Recordemos que nuestros pensamientos están hechos de la misma energía que la luz o la materia, pero en un grado superior o más refinado, por lo que podemos manejar esta energía absorbiéndola o bloqueándola. Tampoco sigo una rutina: una veces visualizo espirales, otras veces esferas de luz y otras veces no visualizo nada, simplemente siento. Ninguna técnica es perfecta para todo el mundo, de la misma manera que no hay un zapato perfecto para todos, cada cual ha de encontrar su número y el modelo acorde a su personalidad. Solo aprendemos reiki desaprendiéndolo: cuando lo adaptamos a nuestra personalidad, a nuestras capacidades intrínsecas. Por cierto, no creo conveniente esa costumbre de solicitar la ayuda de seres de luz antes de empezar una sesión, pues con ese llamamiento estamos abriendo nuestro campo energético a entidades que no siempre son bienintencionadas, y que pueden fácilmente hacerse pasar por seres de luz. Somos inmortales, divinos, y no necesitamos buscar fuera lo que ya está en nosotros. No obstante, si acaso necesitamos sentirnos más protegidos o arropados, podemos solicitar ayuda al universo, al amor incondicional, pero no a una entidad concreta. Tampoco creo conveniente ser especialista de una determinada disciplina (sea del tipo que sea) dejando al margen las demás, pues solo podemos entender un árbol cuando conocemos el bosque. Más vale ser aficionado multidisciplinar que especialista condecorado en una sola disciplina. Al menos a mí me permite ser más intuitivo y flexible ante nuevos retos o técnicas. Así, por ejemplo, unas veces combino reiki, shiatsu y reconexión en una misma sesión, potenciando en el cliente los efectos benéficos. He aprendido que algunas terapias pueden fundirse en una sola sin necesidad de limitarla a una rígida metodología sujeta a un bonito nombre japonés. Todas estas terapias que ahora aplico gratuitamente me han servido para conocer más profundamente la maravilla que somos.

Solo de nosotros depende sentirnos como seres divinos o como trozos de carne. Solo de nosotros depende vencer nuestras limitaciones mentales. Nadie, como ya he dicho anteriormente, va a hacer por nosotros nuestro trabajo interior. Y no se necesitan títulos ni maestros ni escuelas, la mayoría de las terapias que practico las he aprendido gracias a esa gran biblioteca de Alejandría que es Internet. Cualquiera que tenga fe en sí mismo puede aprenderlas desde casa. Lógicamente no desdeño la capacidad de un terapeuta para enseñar una determinada terapia, pero no todos tenemos los recursos económicos o el suficiente tiempo para formarnos en una escuela. No se necesitan, por ejemplo, grandes conocimientos de magnetoterapia o biomagnetismo para sostener un imán por encima del cuerpo y girarlo en  pequeños círculos sobre cada uno de los chacras, en dirección a las agujas del reloj, en dextrógiro. Si bien este es un buen método para abrir nuestros centros energéticos, también podemos hacer el mismo ejercicio con un péndulo energético o un cristal de cuarzo, incluso sin ninguna herramienta, solo con el poder de la mente, imaginando un remolino de luz removiendo nuestros chacras. Incluso el simple acto de orinar o evacuar puede ser utilizado como un poderoso método de sanación energética simplemente imaginando todas nuestras toxicidades o malas vibraciones desprendiéndose como hilachos negros junto a nuestros desechos. Puesto que el desarrollo interior es pura creatividad, podemos convertir cualquier acto rutinario en un acto de sanación o revitalización. Cada cual es libre de visualizar lo que quiera, lo importante es la confianza en uno mismo.

Aplicando a la meditación la elegante teoría del regenerador i-fotónico de José Hernando Alfonso, he obtenido interesantes resultados visualizando dos espirales de luz girando vertiginosamente desde arriba y abajo de mi cuerpo. Una entrando en levógiro por el chacra de la coronilla y otra entrando en dextrógiro por el chacra raíz, hasta colisionar y generar un pulso de energía en el punto medio del cuerpo, a la altura del ombligo. Lógicamente se tarda un poco de tiempo en conseguir que la visualización tome vida por sí sola sin necesidad de conducirla paso a paso con la imaginación, pero sin duda merece la pena. Otro método muy efectivo para recargarnos energéticamente es caminar descalzo por la playa o el campo, ya que el contacto de nuestros pies desnudos con la tierra masajea importantes terminaciones nerviosas conectadas a todos nuestros órganos, lo que produce una regeneración energética de los mismos. Podemos pasear por la orilla del mar visualizando y sintiendo cómo el agua se lleva todas nuestras toxicidades succionándolas  a través de los pies. Igualmente efectivo es abrazarnos durante unos minutos a un árbol de tamaño considerable, como así aconseja Paloma Navarrete, otra de mis maestras de Internet. Tengamos presente que los árboles más grandes siempre se encuentran en puntos de muy alta energía radiante o telúrica, superiores a las 10.000 UB, de ahí que su crecimiento, resistencia y longevidad sean superiores al resto de árboles del entorno. Otra técnica o terapia que me ha dado muy buenos resultados es la terapia con el frío de Wim Hof, inspirada en la meditación Tummo de los monjes budistas tibetanos, capaces de controlar a voluntad la temperatura de su cuerpo a través de la respiración, aun permaneciendo desnudos durante horas en entornos glaciales. No es de extrañar que el propio Wim Hof ostente más de 20 records Guinness de resistencia al frío. El poder de la sanación es un bien sagrado que no necesita certificados ni metodologías académicas. 




Si bien he obtenido, igualmente, asombrosos resultados con el péndulo, una herramienta que me ha permitido comprender la intrínseca interconexión de todas las cosas, desde los átomos a las galaxias, ha sido la noesiterapia la que más me ha ayudado a sanar importantes dolencias y nudos emocionales, llevándome a niveles energéticos superiores. Esto lo sabe muy bien el doctor Ángel Escudero, que lleva más de 40 años operando a sus pacientes sin anestesia química, solo con el poder de la intención, de la palabra. No solo es capaz de operar sin anestesia química sino que además consigue que el paciente se programe mentalmente para que su cerebro anule indefinidamente un dolor específico, sin interferir con otro tipo de dolores o molestias futuras que puedan ser avisos de posibles enfermedades. Igualmente extraordinario es el hecho de que en más de 40 años de intervenciones quirúrgicas ni un solo paciente ha padecido una infección posoperatoria, ya que la psicoanalgesia o noesiterapia -como  así la denomina él- no es invasiva como la anestesia química y solo se realiza cuando el paciente se encuentra en un estado mental óptimo, positivo: cuando las defensas del cuerpo están en su máximo nivel. Escudero, hombre afable y humilde, apuesta por una medicina preventiva ya en la escuela primaria, donde debería enseñarse a los niños que un simple pensamiento o una palabra influyen directamente en su salud física y mental, en la capacidad de ser o no feliz, influyendo positiva o negativamente en su entorno. Sus pacientes, en la mesa de operaciones, charlan, ríen y cantan mientras son intervenidos. Según Ángel Escudero, la actual medicina se equivoca al afirmar que tan solo se puede curar con medicamentos cuando, es el propio ser humano el que posee los mecanismos para sanar, pudiendo igualmente autoabastecerse de la propia naturaleza. Pero está claro que existen poderosos estamentos como la OMS claramente al servicio de multinacionales farmacéuticas que, cuando menos, no lo van a permitir. Es casi inimaginable lo que el sistema sanitario mundial podría economizar en medicamentos siguiendo la técnica de la noesiterapia.

A diferencia de la mayoría de terapias, la noesiterapia es casi instantánea y no necesita de ninguna metodología. Lo único que importa es la convicción del médico en las capacidades sanadoras del paciente, al igual que la convicción del paciente en sus propias capacidades, que con unas sencillas órdenes dadas a sí mismo conseguirá autoanestesiarse ya sea a corto o a largo plazo, puesto que él manda sobre su cerebro. Para ello solo necesita hacer un par de inspiraciones profundas y generar saliva  fluida en la boca como signo de respuesta biológica positiva, activando así su sistema inmunológico (todo lo contrario de una boca seca, que es síntoma de muerte o crisis orgánica). A continuación realiza un pedido a su cerebro (a su mente consciente e inconsciente) a fin de neutralizar un dolor o molestia: "Conservando el tacto que es información útil, necesito que mi pierna derecha quede anestesiada, y así permanecerá todo el tiempo que yo quiera", por ejemplo, poniendo en marcha mecanismos cerebrales que la ciencia desconoce actualmente. Al cerebro le resulta igual de sencillo anestesiar un dedo que todo el cuerpo. Podemos incluso programar una psicoanalgesia en un futuro próximo, como pueda ser un proceso posoperatorio o un parto: "Conservando el tacto que es información útil, todo mi cuerpo y el de mi bebé están anestesiados. Mi anestesia durará hasta después de haber parido y mi matriz haya recuperado el tamaño de antes del embarazo. La anestesia de mi bebé durará hasta después que haya nacido, y todos sus sentidos se hayan adaptado agradablemente a los estímulos del exterior". Este afanoso deseo del médico a que el paciente se cure (que, según Escudero, no es otra cosa que amor, la energía más poderosa que existe) unido a la confianza del paciente hacia el médico y hacia sí mismo, da lugar al  "milagro". Debo aclarar a todo aquel que quiera practicar este método por su cuenta, que no se desanime si no ha conseguido eliminar por completo una molestia crónica o algún tipo de dolor tras realizar una autoprogramación, pues la primera vez de realizar este pedido, o las primeras veces, nuestra mente puede carecer de la suficiente seguridad o fe como para ejecutar eficazmente este pedido, pero en tanto vayamos practicando y comprobando la progresiva mejoría de los resultados, llegará un momento en que ya seremos capaces de eliminar todo atisbo de duda o inseguridad en nuestros pedidos, consiguiendo así una psicoanestesia perfecta. Si bien hay personas capaces de psicoanestesiarse una sola vez y para siempre, yo personalmente necesito repetir ocasionalmente mis pedidos para reforzar sus efectos. En su impactante libro "Curación por el pensamiento", Escudero afirma que "por medio del pensamiento se producen modificaciones bioquímicas capaces de alterar la conductividad eléctrica de las vías cerebrales, impidiendo o dificultando la intercomunicación y la elaboración del dolor".




¿A qué nos lleva todo esto? A una afirmación que ya repetían los antiguos: que la mente controla la materia. Una vez el paciente sea consciente del inmenso poder de su mente, ya no necesitará a su médico para seguir dándole órdenes positivas a su cerebro. Para el que quiera practicar la noesiterapia por sí mismo debe saber que es un poco más difícil conseguir la psicoanalgesia sin la ayuda de un noesiterapeuta, ya que la confianza que depositamos en el poder curativo de éste, debemos depositarla en nosotros mismos y en nuestro poder curativo. Pero hay que tener fe en uno mismo y mantener una actitud positiva y optimista, pues si al hacer la programación pensamos que no vamos a poder o que no va a servir de nada, ya le estamos dando implícitamente una orden al cerebro para que mantenga el dolor. Por desgracia a la mayoría nos han educado para tener más fe en los demás que en nosotros mismos. Debemos practicar la programación varias veces al día hasta que perdamos el temor al fracaso. En cuanto notemos una mínima mejoría, debemos felicitarnos y seguir practicando, alejándonos de entornos estresantes o personas perjudiciales. Es importante hacer cambios positivos en nuestra vida a fin de reforzar nuestra autoestima y autoconfianza. Hay personas que con una o dos programaciones es capaz de conseguir una psicoanalgesia completa, pero hay otras personas que necesitan varios días o semanas practicando hasta obtener resultados. Lo más importante, como ya he dicho, es perder el temor al fracaso y mantener una actitud positiva.

Gracias a los libros y vídeos del doctor Escudero, he aprendido  algo tan sencillo como mantener fluida mi saliva a fin de conservar un perfecto estado de salud, algo que realizo habitualmente sirviéndome de un pequeño truco muy efectivo: sintiendo la presión del anillo de mi dedo meñique, lo cual me permite recordar muy a menudo el simple acto de generar saliva y respirar más profundamente, llevándome a altos niveles de lucidez y vitalidad. Sin embargo solo necesito un minuto por la mañana y otro por la noche, al acostarme, para realizar mis programaciones, y que pueden ser de cualquier tipo. Así, por ejemplo, si una noche al acostarme quiero tener un sueño lúcido, no tengo más que pedírselo a mi inconsciente para que haga todo lo posible por  ayudarme a despertar en un sueño. El inconsciente es nuestro fiel aliado y siempre está dispuesto a darlo todo por nosotros. Lógicamente el inconsciente no nos va a despertar como una buena madre, pero a través de símbolos y situaciones absurdas tratará de hacernos conscientes de que estamos soñando. Igualmente podemos pedirle que nos ayude a resolver un problema de salud (como ya hemos descrito anteriormente) o una situación personal, aunque para ello debemos estar atentos, receptivos a las señales, a los encuentros "casuales". Pero nada podrá hacer si ese pedido está condicionado por un mero sentimiento de poder o codicia, ya que eso es propiedad de la mente divisoria. El inconsciente puede fácilmente ayudarnos a potenciar nuestras capacidades (extra)sensitivas y por ende nuestra lucidez si nuestros pedidos son honestos, positivos, transparentes, trascendentes. Solo así podremos desquebrajar los muros de nuestra mente divisoria, dándole a nuestro inconsciente la posibilidad de hacerse ver y escuchar a través de estas grietas. De lo contrario solo estaremos reforzando el muro. Cuanto mayor sea la fluidez, la interacción entre la mente consciente y la mente inconsciente, mayor será nuestra lucidez. La iluminación no es más que la definitiva fusión entre ambas mentes: la mente consciente (individual) y la mente inconsciente (universal).

Si algo he aprendido del doctor Hamer y el doctor Escudero, es ser consciente de la importancia del pensamiento positivo como mecanismo de buena salud y lucidez, pues un pensamiento negativo es algo más que un pensamiento: es una orden dada a nuestro cuerpo para dejar de funcionar correctamente. Está científicamente demostrado que un simple pensamiento positivo aumenta los leucocitos por milímetro cúbico de sangre circulante en 1500 unidades. Eso significa 1500 unidades más de defensa en nuestro organismo. Un pensamiento negativo, seguido de su emoción, genera el efecto contrario: disminuye los leucocitos por milímetro cúbico de sangre circulante en 1600 unidades, arrasando literalmente con nuestras defensas. Según el recientemente fallecido investigador del agua Masaru Emoto, la baja vibración de un pensamiento negativo se proyecta en el agua de nuestro cuerpo alterando la propia estructura celular. 

También quisiera mencionar a esa extraordinaria terapeuta y radiestesista llamada María del Rosario Urrutia, cuyos vídeos de YouTube me han ayudado a deshacerme de importantes autosabotajes de los que no era consciente. Y es que no es posible avanzar en nuestro desarrollo interior si antes no nos hemos deshecho de perniciosas programaciones por parte de familiares, profesores o compañeros. El sentimiento de inferioridad o inutilidad no es un sentimiento natural propio del ser humano sino una enfermedad transmitida por discapacitados emocionales. Todos estamos interconectados y animados por la misma energía universal, por lo que nadie es, en esencia, superior o inferior a nadie. Así pues, todo aquel que arrastre tales complejos debe saber que no le son propios, no le pertenecen por naturaleza, por lo que deberá de realizar un sencillo proceso de sanación transformándolos en afirmaciones positivas. Por muy buenas intenciones que tengamos hacia nosotros mismos y los demás, por más terapias alternativas y técnicas trascendentes que sigamos, por más amuletos y suplementos nutricionales que tomemos, muy poco conseguiremos si antes no hemos limpiado y reprogramado nuestro inconsciente de órdenes tóxicas. Así por ejemplo, podríamos empezar diciendo en voz alta: "Ese me quiero morir que en algún momento de mi vida grabé en mi mente, lo arranco y lo tiro" (haciendo el gesto de lanzarlo lejos con la mano). "Ese sentimiento de no valorarme, de no amarme ni reconocerme, lo arranco de mí porque no me pertenece y no lo voy a cargar conmigo". Como dice Rosario Urrutia, "El inconsciente es una tierra fértil donde florecen todas las semillas que sembramos" sean productivas o venenosas, por lo que debemos tener especial cuidado con lo que pensamos o deseamos. El inconsciente es, en última instancia, quien gobierna nuestra mente, y hará todo lo posible por satisfacer nuestros deseos aun siendo contrarios a la vida misma. La apatía, el deseo de no querer vivir, es otro sentimiento tóxico que no nos pertenece, por lo que debemos expulsarlo de nuestra mente. Y eso se consigue tomando conciencia de nuestro verdadero yo: "Quiero vivir y sentirme bien". "Tengo derecho a ser feliz" "Soy digno de ser valorado, amado, respetado...", repitiéndolo en voz alta tantas veces como sea necesario, hasta que el inconsciente lo asimile. Otro autosabotaje muy común es la necesidad de estar habitualmente enfermo para así atraer la atención de determinadas personas, o bien la necesidad de estar resentido con alguien a fin de seguir alimentando nuestro orgullo y no responsabilizarnos de nuestro desarrollo interior. En estos casos la desprogramación sería, por ejemplo: "Claro que me conviene estar sano y sentirme bien". "Claro que me conviene perdonar y pasar página". Al empezar a valorarnos y reconocernos, proyectamos una alta vibración energética que permite, por resonancia, que los demás también empiecen a valorarnos y reconocernos. 

Igualmente agradecido de Alejandro Jodorowsky, pues de él aprendí que el Tarot -o cualquier otra herramienta extrasensorial- jamás debe emplearse para adivinar el futuro, pues de lo contrario nos predisponemos inconscientemente para hacer realidad las predicciones, generalmente las negativas. Así, por ejemplo, si las cartas nos dicen que vamos a sufrir un accidente, es muy posible que así sea, pero no los insondables designios del universo sino simplemente porque nos hemos programado para cumplir dicha profecía, la cual surgió de nuestro miedo al futuro en el preciso momento de echar las cartas, y no del futuro en sí. Recordemos que la baja frecuencia del miedo y la codicia pertenece a la mente divisoria, y es ésta la que genera la profecía, y no el universo. Es ésta la que nos somete a un destino particularmente monótono y predecible, pero ese no es el auténtico destino, ¿se entiende? El deseo de adivinar el futuro está imbuido de un sentimiento de posesión o codicia que sin duda pertenece a esta mente divisoria, la cual está a su vez programada para cumplir las predicciones, generalmente las negativas (por su propia mecánica sádico-masoquista). Por lo tanto es esta mente divisoria, y no el inconsciente o la mente original, la que determina, a través de la sugestión, la carta que va a salir. Muy posiblemente sufriremos el accidente, pero no porque el universo lo haya determinado sino porque la mente divisoria se ha anticipado a los acontecimientos generando un destino tóxico, artificial. Incluso si las predicciones son aparentemente positivas, como por ejemplo que en breve conoceré a un hombre o una mujer, la realidad no tiene por qué ser así, pues ya estamos predispuestos a forzar un encuentro o a dejarnos llevar por un simple gesto de seducción. Y no tanto por la calidad humana de la otra persona como por el mero hecho de que así lo ha determinado el Tarot, que "nunca" falla. Así, en vez de dejarnos llevar por la lucidez, la intuición y la naturalidad, en vez de ir despacio y con calma, sondeando bien las respuestas verbales, visuales e inconscientes del otro, solo estaremos centrados en el hecho de que seguramente esta es la persona elegida por el universo, desatendiendo de esta manera las posibles señales de alarma que en otra situación sí tendríamos en cuenta, hasta finalmente involucrarnos en una relación cuanto menos inconveniente. El Tarot es una interesante herramienta que puede ser bien o mal utilizada, como todo. Así pues, la pregunta correcta no es si conoceré al amor de mi vida sino más bien por qué no consigo tener una relación funcional y estable. ¿Se entiende? La pregunta correcta no es si conseguiré un trabajo sino más bien por qué no puedo conseguir un trabajo. La respuesta será dada esta vez por el inconsciente o la mente original, y no por el yo divisorio. Estas mismas preguntas podemos realizarlas con otras herramientas o amplificadores extrasensoriales como por ejemplo el péndulo, permitiéndonos encontrar respuestas infinitamente más profundas y esclarecedoras que la simple videncia. Quien realmente vive el presente no está sometido a un destino predeterminado, su destino es el ahora. 

Por supuesto también le estoy agradecido al gran hipnoterapeuta Aurelio Mejía, que tantas cosas he aprendido visualizando algunos de sus más de tres mil vídeos de sesiones. Y por último, y no menos importante, a Calogero Grifasi, uno de los pocos hipnoterapéutas esotéricos realmente interesantes, aun cuando mucho de lo que cuentan sus clientes sea producto de la mera sugestión.      



El poder de la experiencia frente a la creencia

Tanto las emociones como los pensamientos están regidos por el poder de la mente y el cuerpo etérico. Las células simplemente procesan esas emociones en forma de hormonas como las endorfinas o el cortisol. Es decir que las neuronas y demás células son las herramientas físicas que utiliza nuestro cuerpo etérico para anclarse en el cuerpo físico. Por desgracia no son pocos los científicos que afirman todo lo contrario: que la materia crea vida, conciencia. Pero eso es como decir que un martillo produce al carpintero, o un piano al músico. La música no la crea el piano sino la mente del músico. El movimiento de las neuronas, por ejemplo, es la huella o el rastro de la mente operando a través de la materia. De hecho nuestro cuerpo etérico puede hacer los ajustes necesarios para restituir o reconectar sin problemas algunas zonas lesionadas o paralizadas del cerebro, manteniendo así la totalidad de las funciones. Fijémonos en las ondas cerebrales de los humanos: todos comparten las mismas ondas beta, alfa, zeta y delta, pero dependiendo de su grado de lucidez utilizarán unas ondas más que otras. Una alta frecuencia energética se traduce en ondas alfa de gran amplitud, es decir en un buen equilibrio eléctrico de los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro: el corazón late más despacio, baja la presión de la sangre, la respiración es más profunda y hay una mayor resistencia de la piel a la electricidad. La conclusión a todo esto es que la persona feliz es fisiológicamente diferente a la persona que no lo es.


  

Muchos científicos y eruditos utilizan la lógica matemática para comprender el mundo, pero también se puede comprender observándolo en profundidad, sintiéndolo, captando su energía, sus vibraciones. Utilizar sólo la razón objetiva es como describir un bosque utilizando sólo la vista. Si tapas tus oídos al mundo no escucharás el canto de los pájaros, el murmullo de un riachuelo, los insectos revoloteando, el viento deslizándose entre las ramas. Si no utilizas el tacto, otras sensaciones se perderán. Recordemos que el ser humano percibe menos del 1% del espectro electromagnético, es decir que casi todo lo que nos rodea es invisible a nuestros ojos, literalmente hablando. Y como dice el dicho: ojos que no ven, corazón que no siente. Al no haber sido estimulados para desarrollar desde la escuela nuestras capacidades artísticas y extrasensoriales (con sencillos y divertidos juegos intuitivos de adivinanzas y visualizaciones) de la misma manera que nuestras capacidades racionales y deductivas, la mayoría carecemos de la habilidad para percibir conscientemente una banda más amplia de campos energéticos. Mediante la meditación y el entrenamiento de nuestras capacidades (extra)sensoriales, podemos encontrar respuestas a enigmas que la razón, por su limitada naturaleza, no puede alcanzar. Es inimaginable la cantidad de descubrimientos fabulosos que harían los científicos si pudieran percibir y manejar la energía universal, el prana. Pero para ello tendrían que estar en profundo silencio interior. De no dar ese paso, no les quedará otra que negar la existencia de tal energía. Pero negar algo simplemente porque no puede demostrarse con herramientas físicas es cualquier cosa menos profesional. Negando otro punto de vista, otro modelo de investigación que no sea el tradicional, niegan la propia investigación, fracasan antes de empezar siquiera a investigar. La fe ciega en la razón, en la tradición cartesiana, los convierte en fanáticos creyentes.

Cosas que parecían tan evidentes como la teoría del espacio absoluto de Newton o el Principio de identidad aristotélico se han demostrado falsas. ¿Quién podía imaginar entonces que una partícula puede estar en dos sitios a la vez, o que el espacio y el tiempo son la misma cosa? Nina Canault, una periodista científica y filósofa, decía que  «los físicos modernos ya no pueden describirnos el mundo tal cual es sino informarnos sobre el modo en que nuestra mente puede abordar este mundo, y no sobre este mismo mundo». Sí, quizá la vida pueda parecer una incongruencia total, un completo disparate, pero también pienso que todo sería más absurdo, más falaz, más desternillante si sólo existiera la lógica. La vida es demasiado inconmensurable como para creernos poseedores de sus secretos. Podemos interpretar nuestras experiencias de acuerdo a nuestros conocimientos, pero otra cosa es conocer la verdad. La auténtica sabiduría nace de la humildad, del asombro y el respeto a lo desconocido. Quien cree en la verdad no conoce la verdad. Quien conoce la verdad no cree en la verdad. Hay quienes necesitan compensar su poco o ningún conocimiento de sí mismos con un exhaustivo conocimiento intelectual, convirtiéndose en especialistas del lenguaje técnico, del concepto, del matiz, lo que a su vez los convierte en esclavos de su propia metodología, incapaces ya de experimentar la vida de manera pragmática y espontánea, tal cual es. Siguen sin comprender que lo importante no es conocer ni ser conocido sino llegar a conocerse. Lo triste de todo esto es que muchas de estas personas seguirán huyendo de la realidad en el último tramo de su vida, evadiéndose en irrisorias banalidades en vez de afrontar su situación y prepararse para la siguiente etapaTanto el científico como el religioso deberían estudiar más a fondo las demás ciencias o religiones si acaso desean tener una mayor perspectiva de la propia. Pero sobre todo deberían estudiarse más a sí mismos. No es ignorante el que no sabe nada, sino el que sabe mucho de muy poco.

Si bien es cierto que las llamadas "grandes mentes" de la ciencia y la filosofía han hecho avanzar a la humanidad, también han contribuido indirectamente a largos periodos de parálisis o retrocesos científicos palpables incluso a día de hoy. Pues lo que en un principio es considerado una novedad o una racha de viento fresco, se convierte al cabo de un tiempo en una persistente y enfermiza reiteración de lo mismo, un enmohecimiento de las capacidades humanas. Y es que a la mente fragmentada le supone gran esfuerzo aceptar el cambio, la novedad, y solo da su brazo a torcer cuando hay un buen motivo para ello. Ahí tenemos a Aristóteles, Charles Darwin, Immanuel Kant, Karl Marx, Sigmund Freud... Maestros todos ellos de la metodología más sesuda. Con tamaña edificación de conceptos, ¿cómo no iba a sentirse seducida la mente fragmentada? No es de extrañar que a Sigmund Freud lo convirtieran en una figura casi religiosa: "el padre del psicoanálisis". Y por supuesto al padre no se le puede contradecir:  HAY QUE RESPETARLO, como así ocurrió durante muchas décadas. Lógicamente aquellos que tuvieron la osadía de cuestionarlo fueron convenientemente desacreditados por la comunidad médica o psiquiátrica de la época. 

Aunque la obra de Freud contribuyó a un mayor conocimiento del inconsciente, dio pie, más adelante, a una sucesión de terapias conductuales donde lo importante no era tanto la curación del paciente como su progresivo reacondicionamiento a un estado neurótico más llevadero, además de su inagotable disponibilidad a la hora de pagar, pues no  hay mejor  cliente para el psicoanalista ortodoxo que un cliente fijo. Afortunadamente la gente ya se ha olido la trampa y este tipo de terapias  está en progresivo desuso, siendo  reemplazadas por otro tipo de terapias  más dinámicas y eficaces, como la hipnoterapia regresiva, la terapia Gestalt, la terapia transpersonal, la PNL... Hoy día es innegable que una gran parte de la obra de Sigmund Freud y Charles Darwin, por citar dos de las figuras más relevantes de la historia, es del todo incorrecta.  Evidentemente  existe  un inconsciente y una evolución de las especies, pero muy poco tiene que ver la teoría que lo explica con la realidad.



El suicidio de la mente fragmentada  

A tal punto está inmerso el hombre civilizado en la mecánica del sistema metodológico que incluso confunde el intelecto o la capacidad intelectual con la capacidad emocional, como si la memorización de datos o la información se tradujera en sabiduría. Hay una frase muy cierta que dice que el sentido común es el menos común de los sentidos. ¿De qué sirve una alta capacidad intelectual si se carece de la más mínima capacidad emocional o empatía, que es lo que realmente nos hace humanos, inteligentes? Está demostrado que la mayoría de los psicópatas asesinos poseen un cociente intelectual por encima de la media. Algo similar ocurre con muchos políticos y financieros. Todas las injusticias humanas nacen de este desequilibrio entre la capacidad intelectual y emocional.  Evidentemente también hay muchas personas que disfrutan de un alto cociente intelectual bien compensado con su cociente emocional. Son precisamente estas últimas quienes hacen avanzar a la humanidad. Cuántas veces hemos oído decir que las computadoras son miles de veces más inteligentes que el ser humano, y que en un futuro lo serán millones de veces. Pero lo que no se dice es que la "inteligencia" de una máquina o de un cerebro artificial solo cuenta con una capacidad que podría llamarse computacional o algorítmica, mientras el ser humano cuenta con múltiples capacidades que en conjunto crean la verdadera inteligencia, como es la capacidad creativa, espacial, lógico-matemática, lingüística, cinestésica, interpersonal, intrapersonal, plástica, naturalista, existencial, verbal, colaborativa, emocional, etc.  Afirmar que  la inteligencia del hombre depende  de su capacidad  intelectual es tan ridículo y estúpido como afirmar que la grandeza del hombre depende  del tamaño de su pene. Esta obcecación, esta monomanía de las sociedades "civilizadas" con el intelecto y todas sus variantes  es un claro ejemplo de mentalidad fragmentada, que necesita afanosamente de la acumulación de datos y sistemas para generar su ilusoria realidad o cosmogonía.




Que las máquinas sean millones de veces más "inteligentes" que nosotros no supondrá ninguna amenaza a nuestra especie, el problema vendrá cuando adquieran nuevas capacidades: cuando sean capaces de soñar, gastar bromas e inventar chistes. Pero no hace falta remontarse al futuro. Hoy día el ordenador es, con diferencia, el mejor amigo y maestro de muchos niños, pues a diferencia de los padres y los profesores, que suelen comportarse como sus amos o jefes, el ordenador le da respuestas auténticas e instantáneas sin censurar o edulcorar. No cuestiona sus intenciones, no castiga ni exige obediencia o respeto, simplemente responde sin pedir nada a cambio, y eso lo convierte en su más honesto confidente. Es como si  los humanos nos estuviéramos maquinizando y las máquinas humanizando. Esta dependencia a la inteligencia artificial no es más que otra compensación de la mente fragmentada, que muy astutamente trata de sustituir o silenciar el yo original con este otro yo artificial. No es de extrañar que dedique tantos esfuerzos en "conectarse" a  un doble artificial que le permita esquivar definitivamente la muerte. De hecho los científicos aseguran que en un futuro no muy lejano podremos volcar nuestro cerebro en un soporte tecnológico, cargarlo en un ordenador y reiniciarnos en un mundo virtual. Una idea tan descabellada como aterradora. Es como si la realidad virtual tuviera para el hombre "civilizado" un valor superior a la propia realidad, como si la información ilimitada pudiera sustituir a la intuición y al autoconocimiento. Por eso pienso que no habrá un enfrentamiento directo entre humanos y máquinas, puesto que ambos serán un solo cuerpo, un solo organismo. Si habrá, quizás, un enfrentamiento visceral entre su lado natural y artificial. ¿No es lo que actualmente está ocurriendo?
    
La ciencia, al igual que la religión, está enclaustrada en sus propios prejuicios. Es cierto que los científicos basan sus descubrimientos en hechos, pero para interpretar esos hechos necesitan muchas veces apoyarse en creencias ortodoxas, en ideas preconcebidas. De ahí que muchas teorías científicas que se dieron por verdaderas durante décadas se hayan declarado finalmente falsas. No por creer ciegamente en la razón son mucho más racionales que aquellos que creen ciegamente en los preceptos de su religión. Pero ¿por qué esa reticencia monumental de los científicos de investigar las capacidades extrasensitivas del ser humano y de validar la existencia del cuerpo espiritual? Sospecho que, aun hoy día, los científicos no se han liberado de su resentimiento a una religión que siglos atrás los persiguió por el simple hecho de buscar la verdad.




Solo a partir del renacimiento, tras respaldar la teoría del motor inmóvil de Aristóteles –que sostenía la existencia de un creador universal como el primer motor–, pudieron los científicos proseguir sus investigaciones sin ser perseguidos o denunciados. Pero es evidente que el resentimiento nunca desapareció. Los ingentes abusos cometidos por la Iglesia en nombre de Dios siguen siendo palpables hoy en día. La náusea psicológica tras esa orgía de violencia y fanatismo es notoria en muchas personas de ciencia, que para desmarcarse totalmente de la religión se han desplazado al otro extremo del pensamiento adoptando un sistema de creencias hiperracionales, sin ser conscientes de que todo extremismo es nocivo. Esta reticencia a no salirse de los márgenes del pensamiento cartesiano denota el temor a traspasar las fronteras de la religión. Un temor ciertamente absurdo, y que da por hecho que la religión tiene la patente de la espiritualidad. No obstante hay que tener en cuenta que la mayoría de los científicos trabajan actualmente para grandes multinacionales y corporaciones de la élite donde lo único que cuenta es la obediencia y la capacidad para ajustarse a una misma metodología de trabajo, si acaso desean conservar sus empleos y seguir siendo promocionados. 



La espiritualidad como realidad 

Todos conocemos el inmenso potencial del cerebro para interpretar la información del entorno y construir su propia realidad, o la realidad más adecuada a un determinado estado de conciencia. Esto es un hecho. Ahora bien, ¿es todo producto de nuestro cerebro? Y si es así, ¿cómo son posibles las experiencias extracorporales o de proyección astral donde el sujeto puede observarse a sí mismo desde otra perspectiva espacio-temporal, describiendo acertadamente situaciones fuera del alcance de su cuerpo físico? Einstein dio en el clavo cuando dijo que «es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». Si bien es cierto que hoy día los científicos tienen una mente más abierta, siguen hablando de los fenómenos paranormales o las capacidades extrasensoriales de la misma manera en que no hace mucho se hablaba de los agujeros negros, los cuales eran vistos como bromas científicas o mitos absurdos. No obstante ambos hechos desafían las leyes de la física que tan bien conocemos. El estudio de la percepción extrasensorial podría sacar a la luz importantes hallazgos que actualmente permanecen en la oscuridad. Muchos investigadores seguramente lo considerarán un trabajo poco serio y marginal, capaz de manchar sus reputaciones. Sin embargo, ¿no es la amplitud de ideas, el afán de superación y el amor a la verdad lo que define a un científico?  




Quien ha vivido una experiencia extracorporal no puede negar la evidencia de que existe en todos nosotros un cuerpo espiritual o etéreo. Esto es un hecho, y no una creencia. La espiritualidad no es religión ni esoterismo sino realidad: la materia es un producto de esta sutil energía. Hay millones de personas en todo el mundo con la capacidad de controlar a voluntad este cuerpo sutil, no estoy hablando de casos aislados sino de una realidad muy común que ya no se puede seguir ocultando. Y cualquiera puede comprobarlo, solo se necesita una mente abierta, una alimentación sana, una determinada técnica. La ciencia tiene en sus manos la valerosa decisión de dar ese paso adelante: de afirmar con hechos demostrados que todos somos seres espirituales. Solo entonces nos liberaremos de esta élite de psicópatas que nos gobierna. Solo entonces dejaremos de sentir la necesidad de idolatrar a personas o dioses que comparten nuestra misma divinidad.


José Carlos Andrade García